Nuevamente lamentamos la serie de incendios forestales que azotan nuestro entorno, algunos visibles, por las noches, en el cordón montañoso que nos circunda. Unos, producto de la indolencia de algún ciudadano falto de imaginación, de la manía de algún pirómano que nunca falta otros, por una errónea concepción ambiental, también “para que retoñe parejito” decía un propietario, o por la perversidad de alguien que lo hace, a propósito, buscando algún beneficio. Accidentalmente muchas veces.
De nuevo Bomberos, Cruz Roja, militares, socorristas, brigadistas, voluntarios, en fin, en primera línea tratando de combatir el fuego. Las instituciones llamadas a su prevención aplicarán sus planes de contingencia que, si los hay, deben partir desde lo local, esto es, desde las comunidades cercanas a zonas sensibles como son nuestros espacios verdes, páramos, colinas y cerros, como el icónico Guagualzhumi que volvió a ser afectado por un incendio forestal. Los gobiernos cantonales, parroquiales y las comunidades deben tener su propio plan ante un incendio forestal, de tal manera que se sepa que hacer hasta que llegue todo apoyo logístico y técnico. Ayudaría mucho. Pero, la necesidad de construir una cultura ambiental, es un clamor. Una cultura ambiental que defina un incendio forestal como un atentado a la vida; que entienda que cada ser vivo que sucumbe en un incendio forestal, por minúsculo en apariencia, es parte de la cadena de supervivencia y con derecho a existir; cultura ambiental que debe iniciarse en el hogar, afianzarse en el sistema educativo y consolidarse en la comunidad; cultura ambiental que desarrolle la sensibilidad y la imaginación.
Así, con imaginación, poder vislumbrar la infinidad de seres vivos indefensos que sucumben en un incendio forestal a más de las especies vegetales y animales; ese submundo fantástico de ranitas y salamandras, libélulas y abejas, saltamontes y caracoles y miles y miles de especies habitantes de micro mundo vegetal; picaflores, gorriones y codornices, jilgueros y golondrinas, tugas y colibríes, brujillos, azulejos y mariposas y tantas y tantas más que son sorprendidas en su nido, en su vuelo o en su canto, como todos los pequeños habitantes del bosque y del cielo. (O)






