Entre Babel y Cervantes (I)

Siempre he pensado que la religión, el lenguaje y ciertas costumbres dan identidad plena a un pueblo y quién la quiera alienar, atenta contra su cultura. Aquello de ninguna manera quiere decir que las culturas son estáticas, sino más bien dinámicas y cambiantes, pero lento e imperceptible. Nuestra lengua tiene una larga evolución desde el indoeuropeo hasta el actual castellano o español, pasando por las lenguas romances. Y no cabe duda que después de muchos años sea el ascendiente de otra lengua.

Con el advenimiento del feminismo y la ideología de género se ha venido atropellando la lengua con el afán de dar igualdad de derechos a la mujer, corriente a la que apoyamos incondicionalmente por ser igual, en su esencia humana, al varón; y más por haber sido la maltratada y sojuzgada por la aberración machista. Pero de ahí a invertir conductas con el mismo absurdo, es una misma patología cambiada de rol.

En respuesta a una serie de atropellos al castellano, la Real Academia Española (RAE), hace una ya una década salió de su letargo y llamó la atención a la sucesión de latiguillos lingüísticos que venían agrediendo al idioma de Cervantes. Después de los ultrajes a los derechos humanos valerosamente defendidos por mujeres y varones de talante, algunos ideologizados y beneficiarios quieren dar al traste con la norma idiomática del español y retornar al fenómeno de Babel.

En su informe “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, la RAE critica las nuevas guías sobre lenguaje no sexista elaboradas en España por universidades, sindicatos o gobiernos regionales, quienes vienen de proponer palabras como “la ciudadanía” en lugar de “los ciudadanos”, “el profesorado” en lugar de “los profesores”, etc., para hablar de grupos compuestos por hombres y mujeres.

Se ha hablado, aunque no lo suficiente, sobre la ideología de género, la que se ha desbordado a la naturaleza gramatical, hasta el punto de empezar a conversar de cónyuga, miembra, jóvena, portavoza, adolescenta, periodisto, pediatro, psiquiatro y más excrecencias idiomáticas impuestas por “asambleístas” y “asambleistos” y de otra laya de muy listos, sobre todo de pandas de la liberación, del atraco y el absolutismo, quienes vienen de justificar sus morrallas en todas las direcciones de su conveniencia.

Al término de esta primera entrego, hago una digresión. La RAE habla de “hombres” para referirse a los varones, cuando su misma norma establece que hay el género común que carece de terminación específica para el masculino y el femenino: hombre, miembro, periodista, psiquiatra, pediatra, paciente, especialista, portavoz… (O)

Dr. Edgar Pesántez

Dr. Edgar Pesántez

Médico-Cirujano. Licenciatura en Ciencias de la Información y Comunicación Social y en Lengua y Literatura. Maestría en Educomunicación y Estudios Culturales y doctorado en Estudios Latinoamericanos.
Leer a continuación