Celebro y agradezco la valentía de varios colectivos ciudadanos que colocaron ofrendas florales al pie del monumento de Abdón Calderón, “en memoria de los muertos que el gobierno quiere que olvidemos”, como señalaba uno de los muchos carteles que bordearon la verja del Niño Héroe. El 2 de noviembre, vísperas de la celebración de la Independencia de Cuenca, frente a la Gobernación del Azuay, volvió a expresarse el espíritu libertario de su población, que continúa latiendo en su corazón y recorriendo sus calles y sus plazas para exigir justicia para las miles de víctimas de la crisis de inseguridad que golpea al país. Flores, velas, cantos y carteles escritos, dibujados o bordados con los nombres de personas desaparecidas; con cifras que dan cuenta de los 305 homicidios de menores de 18 años; de los 323 feminicidios y muertes violetas de mujeres; de las 51 desapariciones forzadas, incluidas víctimas menores de edad, presuntamente cometidas por fuerzas de seguridad; de los más de 4000 pacientes renales fallecidos por falta de atención oportuna y acceso a diálisis, medicamentos e insumos; de los ocho niños de Taisha muertos por infecciones gastrointestinales y respiratorias; y de los 609 casos de muerte neonatal. En Cuenca, durante estas fiestas, se levantaron la memoria y la palabra “contra el cementerio del Estado y el olvido”. Una ciudad que honra a sus muertos no puede acostumbrarse a contarlos. Que no añadamos más nombres a esta larga lista de ausencias. Que las inundaciones que vivimos no ahoguen nuestra esperanza ni nuestra solidaridad. No queremos vivir entre aguas y muertos. (O)









