Desde la prehistoria el uso de la máscara es determinante en rituales religiosos y funerarios y posteriormente, en la antigua Grecia la máscara tuvo un espacio preminente en el teatro clásico. Una máscara, “masque” en francés o “maschera” en italiano, es un adminículo que aspira a cubrir el rostro de quien se la coloca, para asumir otra personalidad humana o animal. En esta época del año y hasta el carnaval, el uso de máscaras es frecuente en nuestra cultura.
Resulta interesante visitar los talleres de industriosos artesanos, quienes con especial destreza y entrega elaboran toda suerte de máscaras para la época de los Santos Inocentes. Naturalmente, el componente político y la ironía se conjugan hábilmente en el trabajo de las mascaradas, infundiendo enorme ingenio en su tarea. Las autoridades y personajes involucrados son muy bien representados, por sus artífices.
Desde la dimensión psicológica, también es frecuente asumir máscaras para distorsionar una situación dolorosa o difícil y es cuando se evaluará la expresión facial y al cubrimos bajo una máscara que el especialista deberá tomar a cargo la tarea de traspasar ese rostro humano, cubierto por una máscara de dolor, de agresión, de violencia o de engaño. ¡Hay máscaras y máscaras en la actitud del ser humano! (O)









