Tinta roja y tinta verde

Estoy convencido que la misión histórica del profesor se ve cumplida en cada etapa de nuestra formación; y el día 13 de abril nos recuerda al Maestro universal o, simplemente, al Maestro.

Un día cualquiera un niño abrió su cuaderno y se echó a llorar. ¿Qué le pasa? Le pregunto el profesor preocupado. La clase se interrumpió. El Niño sollozaba. Las lágrimas caían sobre el cuaderno abierto y emborronaban las rayitas rojas que señalaban los errores.

¡No quiero estudiar matemáticas!¡ ¡Me equivoco!¡Mi cuaderno está lleno de líneas rojas! El Maestro tranquilizo al Niño, pero surgió el problema del vínculo entre el color de la tinta y la educación de la personalidad del niño.

Quien no recuerda sus años escolares, y la inquietud, cuando se habría el cuaderno corregido por el Maestro. Las rayas rojas nunca producían alegría. “¡Esta mal! ¡Es un error! ¡Como no te da vergüenza!”, parecía que decía cada rayita roja en la voz del Maestro. 

Pasaron los años, y aquel niño es hoy Maestro lo olvido todo. Olvido como lo hacían sufrir en la infancia la tinta roja…pero aquellas lagrimas se convirtió en un precepto. Si el Maestro restructura su metodología a sus educandos sobre las bases del humanismo, no debe olvidar que también ha sido alumno y no permitir que sus discípulos experimenten los mismos sufrimientos que se ha experimentado en la infancia; hoy las madres son las que hacen y corrigen los deberes en casa. 

¡Que contribuirá más al desarrollo de las fuerzas cognoscitivas del niño?¡La indicación frecuente de los errores cometidos o de los éxitos logrados en casa? ¡Que contribuirá más a su desarrollo: ¿La amargura del fracaso o la alegría del éxito? No sería mejor remplazar la tinta roja por la verde que llevaría un mensaje distinto. ¡Así es! (O)

Ing. Hernán Deleg

Ing. Hernán Deleg

Realizó sus estudios en la Universidad de Moscú y en la República Federal de Alemania. Docente universitario. Autor de varios libros. Expresidente de la Sociedad de ingenieros del Ecuador (SIDE).