Alejandro era un tipo distinto. Una melena gris enmarcaba una mirada inteligente tras un par de anteojos redondos y diminutos. Flaco y encorvado. Llevaba siempre un viejo abrigo de cuyos bolsillos emergían lápices y libretas. Llevaba años escribiendo una columna para el periódico de Comala, en Agua Santa. Y esto tuvo su precio. Allá, en los años de la dictadura, sus escritos valientes y cargados de humor irreverente le habían granjeado feroces enemistades y días de terror.
Pero la dictadura terminó, como terminan todas, y el país vio surgir una democracia. Alejandro retomó su columna habitual y se dispuso a vivir sus años dorados escribiendo poesía. Pronto fue evidente que esta nueva democracia no era sino un souvenir de sus captores, un cascarón vacío que incubaba al viejo y conocido lobo del autoritarismo. Y así lo dijo en sus columnas: denunció y fustigó como en sus mejores años, pero esta vez no hubo amenazas. En un régimen que inauguraba una nueva época de persecución, nadie lo perseguía a él; se había vuelto inofensivo… ¡ya no estaba en la lista negra! Y semejante cosa no se puede permitir.
Al día siguiente, una carta inusual llegó al despacho de la gobernación.
“Señor Gobernador,
Me gustaría aclarar un asunto personal: ya no estoy en la lista de opositores espiados por el gobierno, y esto es un problema porque no estar en la lista negra, de alguna manera, te pone en la lista blanca. Así que ahora mis amigos han dejado de invitarme a sus cafés y otros personajes, impresentables, han comenzado a saludarme por la calle. Quiero ser claro: anhelo un país que supere esta política de dos orillas y alcance la unidad. Pero hasta mientras quisiera quedarme en la orilla donde estaba. Es que, sabe usted, la gente decente me cae mejor.
En virtud de lo dicho, y ahora que estamos estrenando dictador, solicito que los amigos del servicio de inteligencia (así se dice, ¿verdad?) vuelvan a incluirme a la brevedad posible en la lista negra. El usuario y la contraseña del correo van adjuntos. La contraseña del teléfono no la paso porque ya la tienen.
Quedo de Ustedes.
Alejandro…”. (O)
@andresugaldev








