El luto y el dolor que envuelve al país desde que vivimos en el “nuevo Ecuador” es desolador. Duele, indigna, entristece la muerte de Mónica Silva. Las muertes “misteriosas”, las muertes “naturales” o “sin causa determinada”; las muertes en las puertas de hospitales, las muertes en las calles, en alta mar, las muertes en las fronteras; las muertes de niños y jóvenes; los femicidios, la muerte de comunicadores y líderes sociales tiñen de sangre a un gobierno opaco que ha roto toda norma constitucional. Todos somos Mónica Silva, señor Noboa. Su muerte debe ser aclarada con celeridad y transparencia, así como sus claras y directas denuncias. Hay nombres, hay datos, hay cifras. Las declaraciones inoportunas de sus empleados, la indolencia de sus comentarios, su mudez lo desnuda de cuerpo entero como un presidente-dictador, servil a gobiernos criminales, convertido en representante de empresas mineras. Hoy, todos estamos de luto. Basta de tanta violencia y muerte solapada bajo un régimen militar disfrazado de democracia. Una sociedad entristecida, cansada de tanta violencia reclama justicia, transparencia y que se investigue con rigor y respeto la muerte de Mónica Silva, una mujer que desafió el poder.(O)




