La fe no necesita jolgorio

Parto de dos situaciones reales. La 1ª ocurrió en Semana Santa, concretamente el Viernes Santo, cuando no encontré la colaboración de ninguno de los coros de mi parroquia porque, según dijeron, se entonan cantos antiguos y poco atractivos para la gente. La 2ª surge de una pregunta frecuente: “¿por qué en algunas parroquias no hay tanta alegría, no se aplaude, ni se introducen innovaciones en cada celebración, sino que se conservan los mismos ritos y cantos pasados de moda?”. La pregunta merece una respuesta clara.

La fe católica no es simplemente un sentimiento agradable ni un espectáculo para entretener.

Es, ante todo, un encuentro serio con Dios, y Dios merece respeto. Cuando una persona acude al médico espera ser curada, no entretenida. Cuando va a un tribunal espera justicia, no un show.

La Misa es aún más importante: es el momento en que Cristo se entrega por nosotros. Por eso se vive con recogimiento, gratitud y reverencia. El ruido puede distraer; el silencio, en cambio, permite escuchar a Dios.

La Misa no fue inventada por el sacerdote de turno. La Iglesia la ha recibido de Cristo y la custodia mediante normas que protegen lo sagrado. Cambiar elementos esenciales para hacerlos más modernos puede ser tan imprudente como alterar la fórmula de una medicina.

La Tradición no es obstinación; es la memoria viva de una familia. Así como nadie cambia su apellido porque aparece antiguo, tampoco se modifica la liturgia para que aparezca popular.

Sentir emoción en la fe no es malo. Sin embargo, si la fe depende únicamente de lo que sentimos, se vuelve frágil y pasajera. La verdadera fe permanece cuando toca perdonar, ser honesto, cumplir el deber o acudir a la Misa. Creer implica obedecer y perseverar. El jolgorio busca atraer público; la fe busca formar discípulos.

El altar no es una tarima, el sacerdote no es un animador y la Eucaristía no es un símbolo vacío: es Cristo real. Por eso cuidamos el lenguaje, la vestimenta y las actitudes dentro del templo. La alegría cristiana no necesita estridencias. Nace de la certeza de que Cristo venció la muerte.

Hoy necesitamos menos espectáculo religioso y más cristianos coherentes; menos ruido en el templo y más silencio en el corazón. Porque cuando termina la celebración, comienza la verdadera fe: la que se vive en la familia, en el trabajo y en la calle. Y esa fe no necesita jolgorio. Necesita verdad. (O)

Padre Bolívar Jiménez

Padre Bolívar Jiménez

Sacerdote, 1981. Licenciado en Ciencias Religiosas, Diplomado en Derecho Canónico y Doctor en Derecho Civil. Vicario Episcopal y Vicario Judicial de la Arquidiócesis de Cuenca. Docente, Párroco de Cumbre.