Política y fútbol

Análisis político

A propósito del mundial de fútbol:  el fútbol es un fenómeno de masas o un fenómeno sociológico que cumple una función social, pero también es un deporte que tiene algunas implicaciones políticas directas e indirectas.

En primer lugar, el fútbol profesional cumple la función política de fortalecer el sentimiento de identidad con un territorio, creando la ilusión de que somos parte de una comunidad local o nacional en la que no existirían las diferencias; es decir fortalece la idea de nación hasta el punto en que, en el campeonato mundial, no se dice que va a jugar tal o cual selección de fútbol sino tal o cual país.

En segundo lugar, el fútbol como deporte profesional y mercantilizado, al tiempo que permite un espacio de relax colectivo, de esparcimiento y distracción, en general aleja a la gente de la preocupación por los problemas de la sociedad en la que vive y, en consecuencia, de cualquier compromiso político. En este sentido funcionaría como una especie de “droga colectiva” que, en el extremo, incluso puede generar situaciones de fanatismo y casos de violencia.

En tercer lugar, es inocultable que en no pocas ocasiones el fútbol, como deporte institucionalizado en equipos y campeonatos, ha servido de trampolín político para sus dirigentes. Verbigracia, en nuestro país dirigentes del fútbol profesional, o incluso autoridades, han convertido a este deporte en una tribuna para ganar fama o popularidad política. Aún más, algunas características de la vida político-electoral se reproducen en la vida del fútbol, tales como: la lucha por el poder en los equipos, el clientelismo, el fanatismo, la competencia, el marketing, y algunas jugadas no tan limpias.

Empero, no sólo es la lógica política, sino también la lógica económica la que ha terminado por colonizar al rey de los deportes, pues no es desconocido que el fútbol profesional, ya sea en cada país o a nivel mundial, se ha transformado en un gran negocio, con grandes inversionistas, mercancías, publicidad, clientes y consumidores.

En todo caso, aunque cada campeonato mundial se transforme en una especie de “pandemia social”, es una pandemia contagiosa, incluso para sociólogos como el que suscribe este artículo, por lo que no nos privaremos también de disfrutar algunos partidos. (O)

Dr. Marco Salamea

Dr. Marco Salamea