La rifa política

Es posible que las elecciones seccionales sean el émulo de una rifa.

De pronto, los candidatos se ganan una alcaldía, una prefectura, una concejalía, una vocalía en las juntas parroquiales rurales, o un peldaño en el Consejo de Participación Ciudadana, este pulpo podrido en cuyos tentáculos se esconde el verdadero poder de los “dueños del país” de turno.

Para participar en una rifa hay que comprar el boleto. En la política, no.

En aquel juego de azar se oye decir: de pronto me gano el premio. Comparando con las elecciones, los candidatos, “sin querer queriendo”, de pronto, se ganan las alcaldías, prefecturas, como ocurre con la presidencia de la república y las curules en la Asamblea Nacional.

En ambos casos la suerte obra. De pronto, el azar premia al menos pensado. 

Contrario a ese menos pensado, en la rifa política también compran el boleto los que siempre han apostado, la han ganado; y porque disfrutaron de sus mieles vuelven a intentarlo.

De pronto vuelven a sacarse el premio gordo que, para el caso de las seccionales, son los gobiernos locales.

Políticamente, unos ya huelen a formol, otros cargan sus lápidas y sus flores negras; pero, o no se dan cuenta, o les encanta mismo jugar ese tipo de rifa.

Y allí están, como están tantos otros, haciendo fila para comprar los boletos, muchos de ellos sin saber de la B a la V sobre lo que se debe hacer o no hacer; o como otros pendejómanos que quieren sacarse la lotería para comprarle una casa para mamá, otra para la abuela, para ayudar a pagar las deudas del ñaño, hasta para ayudar al vecino víctima de infidelidad.

Si el azar premia a cualquiera, incluso al más incrédulo, a quien siempre dice que si se rifara un gallo no se sacara ni siquiera su sexo, con el premio en la mano dirá: ya veremos qué hacer, nadie nace sabiendo, mientras un ejército de avivatos, de asesores, de consultores sobre “entornos”, hasta le querrán bañar con “agua de pítimas”, a empernarle en el poder por eternas memorias, gracias esa otra alcahuetería política que son las reelecciones, el método perfecto para perpetuar cacicazgos, corruptelas y abrevaderos para los mismos de siempre.

¿Dónde los líderes? No pregunten.

¿Dónde los proyectos de ciudad? No hay chance para románticos.

¿Y los que tienen buenas intenciones? Vaya por los caminos del infierno.

Si la plata le sigue el platudo y la sarna al sarnoso, a los participantes en la rifa política les sigue la suerte, solo que esta les es bendecida por votantes que botan, pero no votan; y siempre, aunque al disimulo, montan mirando hacia el anca del mulo. (O)

Lcdo. Jorge Durán

Lcdo. Jorge Durán

Periodista, especializado en Investigación exeditor general de Diario El Mercurio