El rey de los deportes paralizó el mundo por un mes entero. Los reportes y noticias de los partidos, sus ganadores y las hazañas de los hábiles jugadores fue comentado en extenso y con prioridad en las ediciones de noticias de todos los canales y para mal nuestro, el otro gran renglón de novedades, que se ha vuelto diario, las imágenes truculentas de asaltos, muertos y sicariato, en especial en la costa, donde ya no nos asombra enterarnos de decenas de muertes diariamente, en regiones conocidas en manos del narcotráfico y la minería ilegal, pestes que mueven millones ingentes de dólares y que puede comprar conciencias y acciones sin el más mínimo inconveniente. La justicia está en emergencia. Las noticias dicen que faltan 730 jueces a nivel nacional y que serán nombrados en breve, cosa que demuestra que las raíces de las mafias y grupos narcos y subversivos, tienen maniatada esta función, que fácilmente son comprados jueces y fiscales que excarcelan o dan medidas sustitutivas a aviesos criminales. Los fiscales, son las victimas más elegidas y fueron asesinados en sicariatos a la luz del día, por decenas. Cabe decir con certidumbre que aquí, el viejo refrán, de la bolsa o la vida, es practicado sin miramientos. Si entendemos que los fiscales son gente que requiere trabajar y mantener su familia, es el légamo perfecto para las coimas o la muerte que los criminales de los conocidos grupos narco imponen. Noboa y su gobierno, lo apoyo, se encuentra en la dura tarea de extraditar y eliminar estos alacranes con ayuda inmensa y necesaria de EEUU que es el destino principal de las drogas y le conviene solucionarlo, mientras que Colombia produce, con el visto bueno de su gobierno, en el límite fronterizo, tan solo separado de Ecuador por un rio y que, lastimosamente, somos nosotros la bodega de acopio y puertos de embarque expeditos de la droga, cosa por demás conocida y entendida por régimen y ciudadanía, que ven como se apuran los asesinatos en zonas muy conocidas y a gente involucrada en pequeñas y otras grandes ocupaciones del licito, que los enriquecen infinitamente y convierten este mal en un cáncer muy difícil de control.
Van cayendo en la lucha muchos cabecillas de estos fatídicos grupos y otros están extraditados o en la mira de la justicia, pero como es tan enorme la riqueza que acumulan, nacen otros lugartenientes iguales o más audaces y asesinos que los eliminados.
Que debemos luchar, sí, claro. El cómo hacerlo y sus directrices deberán ser tan imaginativas como las mentes de los narcos. (O)









