“La memoria colectiva no cabe en una caja”

Un espacio tridimensional se define por ancho, alto y profundidad. Una caja cumple perfectamente con esas condiciones.

La construcción de un museo debería comenzar precisamente donde terminan esas tres dimensiones.

El anuncio del proyecto ganador para el nuevo Museo Nacional en Quito ha abierto un debate que va mucho más allá del gusto arquitectónico. Sin desmerecer el talento y la técnica, y sin ignorar lo racional del proyecto elegido “Ecos del Sol”, pienso que es un tema que podría ser observado desde una perspectiva multidimensional.

Desde lo multidimensional, la arquitectura no solo ocupa territorio: dialoga con él. No solo contiene objetos: activas memorias. No solo protege patrimonio: construye vínculos entre pasado, presente y futuro.

Existen las dimensiones: del tiempo, la memoria, la identidad, la emoción y la pertenencia. Aspectos invisibles, pero esenciales cuando hablamos de un país como Ecuador; cuya riqueza, nace justamente tanto de su diversidad territorial, como de la realidad de pueblos ancestrales, culturas vivas, mestizajes, migraciones, heridas históricas y nuevas identidades.

La arquitectura de un Museo Nacional, tendría que permitir una experiencia, provocar curiosidad, encuentro, contemplación y reconocimiento. Además, dialogar con el entorno y con los elementos, mientras se proyecta hacia las generaciones venideras.

La funcionalidad es indispensable, la conservación del patrimonio exige rigor técnico, seguridad y espacios adecuados. Pero, cuando una obra pública aspira a representar la memoria colectiva, esta eficiencia no puede ser el único criterio.

Porque un museo no es simplemente un contenedor de bienes patrimoniales. Es un puente entre generaciones, un diálogo con quienes fuimos y con quienes seremos.

Lo hecho, hecho está y aunque la memoria de un país no es solo ancho, alto y profundidad, sino un caleidoscopio multidimensional; este, debe ser proyectado, materializado y respetado con el debido proceso. (O)

Lcda. Tania Durán

Lcda. Tania Durán

Periodista y microempresaria ecuatoriana. Reconocida por su compromiso con el arte, la cultura, el eco-turismo comunitario y el medio ambiente. Pionera en la comunicación y educación participativa.