He recibido una tarjeta de invitación proveniente del Consejo de Participación Ciudadana para la “celebración” del primer año de prórroga en la designación del nuevo fiscal general de la nación y, como era de esperarse, aún para esta conmemoración se han demorado tres meses en llevarla a cabo, pues, en cifras exactas, el atraso en el plazo cumplió ya quince meses.
No hay otra explicación. Los consejeros y sus “patrocinadores” políticos se pasan pensando en cómo hacer para que sus objetivos, entiéndase “sus candidatos”, puedan acceder a semejante puestazo. Para ello, no importa lo que haya que hacer, si hay que intervenir en la conformación de las comisiones respectivas, si hay que modificar los reglamentos, si hay que conformar nuevas mayorías, si hay que alargar los plazos, etc, lo que importa es que se cumplan los fines propuestos y que la designación de tan alta autoridad de control termine por convertirse en un trofeo del cual haya que sacar el mayor provecho posible, y no en bien del país, ya lo sabemos, sino de los intereses de determinados grupos de poder.
Ya lo veíamos venir, cuando la exfiscal Diana Salazar anunció que ella cesaría en la función una vez cumplido su período legal. Medio parecido a lo que está sucediendo ahora mismo con las alertas sobre un posible fenómeno de El Niño. Daba miedo que luego de una etapa en que las acciones de la fiscalía se habían encaminado con capacidad y profesionalismo, enfrentando una serie de corrientes en contra y poniendo a muchos pillos en su puesto, su reemplazo vaya a representar el retorno a una época en que se convirtió a la fiscalía, con un desparpajo nunca antes visto, en una dependencia de Carondelet, permitiendo que la “metida de mano” a la administración de justicia se torne en una verdadera “política de Estado”.
La ciudadanía aspira una Fiscalía proba, íntegra, transparente. A la inmensa mayoría de ecuatorianos no nos interesa que el futuro fiscal responda a los intereses de tal o cual grupo político. Nos interesa que responda a las exigencias de la sociedad y que tal respuesta vaya enmarcada en el cumplimiento estricto de las leyes vigentes. ¡Eso nomás! (O)









