Es admirable que el desarrollo de la inteligencia humana hoy sea sustituido, de alguna manera, por un campo de la informática que procura sistemas y programas que antes requerían de la mente humana y que, en la actualidad, han sido reemplazados por la inteligencia artificial, a través de procesos informatizados de aprendizaje, razonamiento y percepción, que les permiten pensar y actuar como humanos.
Esta denominación de inteligencia artificial fue acuñada por John McCarthy en 1956, en la conferencia de Dartmouth, New Hampshire, que contó con los científicos más destacados de la época, con el fin de crear una máquina que asuma y desarrolle el pensamiento humano, un tema ya abordado desde 1940 por anteriores matemáticos, entendiéndose como “la ciencia y la ingeniería que crean máquinas que piensan como los humanos y cuentan con programas de computación correspondientes.”
De alguna manera, la ciencia ficción, desde 1920, con sus robots y máquinas inteligentes, ya aparece en la literatura y en el cine como un elemento básico de la cultura popular.
Las tecnologías con inteligencia llevan más de 50 años desarrollándose y los avances de la informática, con su ilimitada disponibilidad de datos y nuevos algoritmos o modelos matemáticos, deben procesar una gran cantidad de datos y tomar decisiones sustentadas en patrones establecidos a través del aprendizaje automático, entendida como la capacidad de aprender de forma autónoma a partir de datos sin previa programación. Así, la inteligencia artificial mejora su precisión y eficiencia con el tiempo.
La inteligencia artificial constituye una tecnología disruptiva y genera enormes expectativas en los seres humanos, generando un debate en la comunidad científica y política. La humanidad entera se mantiene expectante ante el uso permanente de la inteligencia artificial, sus avances y su constante presencia en la vida de los seres humanos. (O)






