Despuntaba el alba de una fría madrugada en el Quito colonial. Una figura recorría solitaria las callejuelas brumosas con rumbo al palacio de Carondelet. Era el Dr. Antonio Ante, que llevaba consigo un documento por el que se daba a conocer a don Manuel Urriez, conde Ruiz de Castilla y presidente de la Real Audiencia de Quito, la conformación de la Junta Soberana y la cesación de sus funciones. Corría el 10 de agosto de 1809. Luego, tras el Cabildo Abierto del 16 de agosto, se enviarían sendas comunicaciones a los virreyes del Perú y de Santa Fe, así como a los gobernadores de Guayaquil y de Cuenca. En éstas se notificaba al rey Fernando VII la existencia del nuevo régimen en la antigua Real Audiencia de Quito, que, aunque leal a la corona y a la iglesia, se declaraba independiente.
Pocas horas tardarían las autoridades realistas de Guayaquil, Popayán y Pasto en disponer la reducción inmediata de la “rebelión” y despachar tropas que pasarían fácilmente sobre la inexperiencia militar de las fuerzas populares. Los magros ejércitos independientes caerían fácilmente, y pronto se requeriría la dimisión del presidente Juan Pío Montúfar y se exigiría la oferta de capitulación de la ciudad bajo control español. El alba de un triste 24 de octubre del mismo año vería la rendición de Quito y daría inicio a la persecución y ejecución de los integrantes de la Junta de Gobierno.
Morales, Montúfar, Quiroga, Ante, Larrea, Salinas y el colosal Espejo. Nombres casi olvidados que derramaron torrentes de luz sobre la América del siglo XVIII. Nombres de primera línea en la libertad, sacrificados por una revolución sofocada. Cosa natural: La historia olvida a los vencidos. Sin embargo, sus ideas no fueron vencidas. Fueron éstas las que, durante trece años, incubaron en el alma del pueblo y bajo la espada de Sucre, en el glorioso 24 de mayo, germinaron con el triunfo final de la libertad. Ése ya no pudo ser visto por aquellos patriotas que plantaron la semilla, pues fue su sangre la que sirvió para regarla.
Es en gratitud a su memoria que he escrito estas palabras… (O)




