Al estudiar el simbolismo del mundo andino en la época de los incas, se encuentra el rostro del Sol y de la Luna como el de unos dioses, por lo que existía un calendario dedicado a ellos e integrado a la agricultura. Viracocha había creado al Sol y a la Luna, las estrellas y los ayllus agrícolas, y los calendarios estaban regidos por la salida heliacal de las estrellas, las que se relacionaban con el nacimiento de los gemelos, el Sol y la Luna, quienes daban origen a la época agrícola.
Según el cronista Betanzos: «En tiempos antiguos, el Perú se hallaba sumido en la oscuridad y no había ni luz ni nada». Luego se dio la creación de los pueblos agrícolas, pero, al mismo tiempo, Viracocha «llegó… y dice que creó el Sol, el día, la Luna y las estrellas».
Así se daría comienzo al pueblo agrícola, con el propósito de alimentar a todas las familias. Sin embargo, el cronista William Sullivan cree que existe una identificación de la Luna con el jaguar, pero creo, más bien, que Viracocha creó al Sol, la Luna y las estrellas. Lo propio decía el cronista Sarmiento, quien señala que, en otro momento, creó los ayllus.
Cuenta que la Luna fue brillante, incluso más que el Sol, lo que le causó mucha envidia. Por esto, le lanzó ceniza a la cara, volviéndola pálida para siempre.
Los primeros españoles que llegaron al Cuzco cuentan que se sintieron deslumbrados por el patio del templo del Sol, el cual tenía, junto a una fuente de oro, unas urnas también de oro y de plata que estaban llenas de ofrendas y se encontraban frente al Sol, que nacía cada día. Decían que allí había una imagen del Sol adornada con esmeraldas y piedras preciosas.
El Sol, la Luna y las estrellas de la Vía Láctea mantenían la luz del mundo inca.
A pesar de todo este encanto, dice el cronista William Sullivan que, en la época de la conquista española en el Perú, ya existía una profecía según la cual Viracocha Inca predijo, hacia el año 1432, la destrucción de la civilización inca por las fuertes guerras internas. Todos estos conflictos fueron descubiertos por los arqueólogos al encontrar figuras y representaciones de las guerras.
Cuando el último inca, Huayna Cápac, moría a manos de los españoles en Cajamarca, la profecía se cumplía, y esta había sido transmitida durante cinco generaciones. (O)





