Nada que agradecer

Cuenca celebró sus 206 años de independencia con una curiosa demostración de gratitud al centralismo. Durante la sesión solemne del pasado 3 de noviembre, el Municipio agradeció al Gobierno nacional por las autorizaciones que permitirán  avanzar hacia el funcionamiento del Hospital Municipal de Baños. Además, se celebró la firma de un convenio que autoriza al municipio intervenir en 19 establecimientos educativos.  No se trata de recursos entregados por el Gobierno, sino de permisos para que Cuenca pueda invertir los suyos y poner al servicio de la ciudadanía una infraestructura que le pertenece. Resulta contradictorio que, precisamente en la conmemoración de nuestra independencia, se celebre como una concesión del poder central aquello que debió resolverse oportunamente.

Cerca de un millón de dólares de recursos municipales podrán destinarse a mejorar las condiciones de infraestructura educativa de 19 establecimientos, principalmente rurales, en beneficio de más de 8.700 integrantes de sus comunidades educativas. Para ello fue necesario esperar meses hasta conseguir la firma correspondiente. Algo semejante ocurrió con el Hospital de Baños, cuya autorización sanitaria tardó varios meses y cuya apertura también enfrentó trámites pendientes de responsabilidad municipal. La niñez y su educación no esperan. La salud, particularmente en la ruralidad, tampoco puede esperar. La ineficiencia administrativa tiene responsables y sus consecuencias las pagan los ciudadanos.

Cuenca no necesita ser irrespetuosa para exigir respeto, ni confrontar por confrontar para recordar que sus derechos no son favores concedidos desde Quito. La cooperación entre instituciones es necesaria, pero jamás debería confundirse con subordinación política. Mucho menos cuando el gesto gubernamental ni siquiera implica una transferencia de recursos, sino la autorización para utilizar los fondos que pertenecen a los propios cuencanos. ¿Qué corresponde agradecer en esas circunstancias? ¿La espera, los trámites interminables o el cumplimiento tardío de una obligación?

Cuenca ha demostrado su capacidad de levantar la voz cuando se trata de defender el agua, sus páramos y el futuro de las siguientes generaciones. Esa misma firmeza debe acompañar la exigencia de una educación digna, una atención oportuna en salud y el respeto a las decisiones de sus instituciones. La morlaquía cuencana se caracteriza por exigir que cumpla sus responsabilidades sin dilaciones. En esta ocasión, lo siento, no hay nada que agradecer. (O)

@avilanieto

Dra. Caroline Ávila

Dra. Caroline Ávila

Académica. Doctora en Comunicación. Especialista en Comunicación Estratégica y Política con énfasis en Comunicación gubernamental. Analista académica, política y comunicacional a nivel nacional e internacional.