En uno de los salones de la iglesia de la parroquia de El Cebollar un grupo de mujeres participa en un taller de corte y confección impulsado por la Pastoral Social de la parroquia San Pedro.
Madres de familia, pero a la vez artesanas, jubiladas y trabajadoras aprenden técnicas de costura con el objetivo de emprender.
El proyecto inició en octubre de 2025 con 18 participantes. Actualmente continúan 10 mujeres y un hombre. Durante el proceso han aprendido desde el manejo básico de máquinas industriales y overlock hasta la elaboración de bolsos reutilizables, blusas y otras prendas.
Parte de esos productos comenzarán a venderse hoy en la iglesia de la parroquia. La recaudación será destinada al sostenimiento del taller y a futuras ayudas sociales. La siguiente etapa contempla la elaboración de sábanas térmicas para adultos mayores.
La instructora es Sonia Barbecho, de 51 años, quien lleva tres décadas dedicada a la confección de prendas. Aprendió el oficio desde los 12 años, trabajó seis años en un taller y luego abrió su propio negocio.

Trabajo
Con la costura sacó adelante a sus tres hijos Esteban, Paola y Alejandro. “Mi profesión me ha dado la oportunidad de criarlos a ellos conjuntamente con mi trabajo. En mi taller tenía una cuna y así crecieron”, relata.
Sonia considera que la costura representa una alternativa de independencia económica para muchas mujeres. Sin embargo, señala que el trabajo artesanal enfrenta dificultades por la competencia de ropa importada y el incremento en el costo de materiales.
“A veces una prenda importada cuesta menos que la tela aquí. Además, conseguir ciertos materiales se ha vuelto complicado por los aranceles entre Ecuador y Colombia y porque ya no llega la misma variedad de telas y materia prima”, explica.
Retomar los estudios
Entre las alumnas está Ivonne Delgado, de 57 años, quien siempre tuvo interés por la costura, pero hace dos años motivada por sus hijos Linda y Cristian retomó los estudios y obtuvo un título artesanal en la Academia Continental. “Volver a estudiar fue complicado, pero mi familia me apoyó mucho”, cuenta.
Ivonne trabajó en varios oficios como secretaria, contadora, vendedora y como operadora de radio en horario nocturno para poder acompañar a durante el día. “Dormía poco, pero así podía pasar tiempo con ellos”, cuenta.
Ahora divide su tiempo entre el taller y el cuidado de su nieta. Su trayectoria como madre ha estado marcada por la resiliencia para adaptarse a distintas actividades y aportar al hogar junto a su esposo Efraín. “El Día de la Madre significa recordar que uno aprende a amar más a los hijos que a uno mismo”, dice.
Otra de las participantes es Graciela Coronel, médica jubilada de 67 años. Llegó al curso con la intención de aprender técnicas para confeccionar ropa para sus nietas. Sin embargo, el enfoque social del proyecto la motivó aún más.
“Siempre me gustó coser y les hacía la ropa a mis hijos cuando eran pequeños, pero nunca había aprendido técnicas como las que nos enseñan aquí”, señala.
Coronel trabajó durante años en medicina familiar en comunidades rurales de Cumbe, donde realizaba visitas domiciliarias a embarazadas, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Hace nueve años se jubiló debido a una prótesis de cadera.
Actualmente combina el cuidado de sus nietas con las clases de confección, que se realizan los sábados desde las 10:00.
Artesanía
Sara Flores Padilla encontró en las manualidades y la artesanía una forma de sostener a su familia. Desde hace 35 años confecciona caretas y máscaras para fin de año, un oficio que aprendió de su padre, Alejandro Flores. Además, hace vitrales, pintura en cerámica y manteles decorativos que comercializa por redes sociales.
Sara estudiaba Tecnología Médica cuando tuvo que abandonar la universidad debido a complicaciones en su embarazo. Desde entonces trabajó desde casa mientras criaba a sus cuatro hijos. “Uno aprende a organizar el tiempo entre los hijos y el trabajo”, afirma.
Ahora busca especializarse en vestidos para niñas y convertir esa actividad en su nuevo emprendimiento.
El párroco de San Pedro de El Cebollar, padre Andrés Astudillo explica que el proyecto nació con la intención de que las participantes puedan desarrollar emprendimientos.
Además, proyecta abrir un espacio de alquiler de vestuario para el Pase del Niños y representaciones de Semana Santa con las prendas que confeccionen las artesanas, cuyos ingresos servirían para financiar otras obras sociales.
“El espacio está abierto para cualquier persona que quiera aprender o colaborar. Hay quienes aportan con telas y materiales, y también personas de escasos recursos que están encontrando aquí una oportunidad para formarse”, explica el sacerdote. (PNH)-(I)
DATOS
- Quienes deseen integrarse al proyecto pueden acercarse a la iglesia de la parroquia de San Pedro de El Cebollar o llamar al número 0979275855.
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