Nada cambió en Cochas, a un año del macro deslizamiento

Deslizamiento de tierra en Cochas.

Al llegar a Cochas, una pequeña vertiente de agua es lo único que rompe el silencio de esta comunidad enclavada entre montañas, en la parroquia Paccha, al noroeste de Cuenca.
Nada ha cambiado desde aquel fin de semana del 1 de mayo de 2025, cuando la montaña se vino abajo, sepultando casas y caminos, dejando a decenas de familias incomunicadas y sin hogar.
“En ese momento nos ayudaron, pero después se olvidaron de nosotros”, recuerda Delia Ayavaca, de 68 años, quien regresó a su casa tres meses después del desastre porque no tenía dónde quedarse.
Aquella jornada, relata, los pozos de agua en la parte alta se secaron de inmediato y apareció una zanja. “La tierra se fue abriendo hasta que, por la noche, todo se vino abajo. Lloramos al ver cómo se perdieron las casas de los vecinos y los sembríos”, cuenta.
Hoy, doña Delia vive sola, cuida sus animales y siempre observa la montaña. “Se mueve constantemente, sobre todo cuando llueve. El temor de que vuelva a derrumbarse nos quita el sueño”, agrega.
A pocos metros de la iglesia, doña Ana Bermeo, de 64 años, regresó a su hogar seis meses después del desastre. “Tengo a mi esposo enfermo, y no soportábamos el calor de Guayaquil. Esta es nuestra tierra. Aunque seguimos con miedo, decidimos volver”, comenta. Los fines de semana arma su kiosco junto a la cancha de indor, vendiendo empanadas, café, jugos y almuerzos a los pocos visitantes que llegan.
Un año después, la línea de bus urbano que solía llegar hasta Cochas ahora termina su recorrido kilómetros más arriba, obligando a los vecinos a caminar sobre el material que descendió de la montaña.

Recorrido

Al recorrer la zona afectada, aún se observa la gran masa de tierra removida. En la parte alta, las grietas permanecen, y el suelo se hunde al pisarlo. Casas agrietadas, sin ventanas ni puertas, cerramientos hundidos y árboles caídos son la constante.
Desde la cima, nace una vertiente de agua que fluye constantemente, incluso sin lluvia, lo que sugiere que esa filtración pudo haber causado el deslizamiento.
Nadie camina por la zona. A lo lejos, se escuchan los ladridos de unos pocos perros. La tierra sigue moviéndose y los pocos habitantes que llegan durante el día caminan siempre con la mirada hacia la montaña, vigilantes ante cualquier signo de que la tierra podría descender nuevamente. (I)

Milton Rocano

Milton Rocano