El nacimiento de una segunda pichona de cóndor andino en el Bioparque Amaru Cuenca suma un ejemplar a una especie amenazada por la reducida población que sobrevive en estado silvestre en Ecuador.
El anuncio se realizó el 7 de julio de 2026 en el marco de la conmemoración del Día Nacional del Cóndor Andino.
Este logro amplía el conocimiento técnico sobre la reproducción bajo cuidado profesional, uno de los ejes del Plan de Acción para la Conservación del Cóndor Andino.
El objetivo es mantener una población de respaldo que contribuya al fortalecimiento de los ejemplares que viven en libertad.
La pichona nació el 12 de mayo de 2026 mediante un proceso de reproducción asistida y permanece en una termocuna, donde el equipo técnico monitorea diariamente su evolución.
Durante casi dos meses se ha registrado peso, alimentación, crecimiento y comportamiento.
Esa información se suma a los datos obtenidos con Kimsa, la primera pichona nacida en el Bioparque Amaru, el 11 de junio de 2025.
Martín Bustamante, director ejecutivo de la Fundación Zoológico del Ecuador, explicó que la reproducción bajo cuidado profesional forma parte de las acciones definidas por el Grupo Nacional de Trabajo del Cóndor, integrado por organizaciones de la sociedad civil y la autoridad ambiental.
El plan contempla investigación en campo, fortalecimiento institucional, educación ambiental y el desarrollo de poblaciones ex situ (fuera de su hábitat natural).
Ese componente empezó a tomar forma con reproducciones logradas en la hacienda Zuleta en Imbabura, que las últimas dos décadas ha trabajado en la crianza de polluelos de cóndor en cautiverio para su posterior liberación.
A esa experiencia ahora se suman los resultados obtenidos en Bioparque Amaru Cuenca.
Monitoreo
El nacimiento de esta segunda pichona es el resultado de un proceso de casi seis años de estandarización metodológica.
Santiago Cárdenas, médico veterinario del Bioparque Amaru, explicó que el seguimiento a la nueva cría comenzó desde el primer instante de vida.
Durante su primer día consumió cuatro gramos de alimento e hizo cinco dietas diarias los primeros días. Hoy recibe dos raciones diarias de 400 gramos.
Con estos datos, el equipo construye una curva de crecimiento.
«Todo lo hemos monitorizado y registrado para que, en futuras capacitaciones, gente del Ecuador o nuestros compañeros veterinarios puedan utilizar esos registros. Estos apuntes van a ayudar a desarrollar el proyecto Cóndor», indicó.
Kimsa y la nueva cría pasaron por procesos distintos.
La primera nació tras una incubación natural realizada por sus padres; la segunda completó una incubación asistida de 63 días.
El siguiente paso será trasladar a la nueva pichona a un recinto compartido, separado por un vidrio, desde donde observará a sus padres, Inti y Pacha.
Este procedimiento, que limita el contacto con las personas, ya se aplicó con Kimsa cuando cumplió seis meses y busca que la cría incorpore conductas propias de su especie antes del contacto directo con otros cóndores.
El trabajo continuará durante varios años. El cóndor andino alcanza la madurez sexual alrededor de los siete años y cada reproducción aporta nueva información.
Plan de conservación del cóndor andino
Ernesto Arbeláez, director ejecutivo del Bioparque Amaru, señaló que el programa de reproducción asistida responde a una necesidad técnica identificada en el Plan de Acción para la Conservación del Cóndor Andino.
El documento plantea fortalecer las poblaciones bajo cuidado profesional como un respaldo estratégico frente a las amenazas que enfrenta la especie.
El censo de 2015, que registró entre 94 y 102 cóndores en libertad, llevó a priorizar acciones para enfrentar riesgos como la cacería, el envenenamiento y la pérdida de hábitat.
“A futuro se podrá continuar con la reproducción para la conservación del cóndor andino; además lo estamos haciendo en Cuenca, en el sur del Ecuador, que tiene áreas naturales estratégicas”, manifestó Arbeláez.
El legado biológico de ‘Inti’
Las dos pichonas nacidas en el Bioparque Amaru descienden de Inti, un macho rescatado hace más de 30 años en el Parque Nacional Cajas.
Arbeláez indicó que Inti es el único ejemplar de origen austral que permanece bajo cuidado profesional en Ecuador.
Sus crías conservan una línea genética adaptada a las condiciones geográficas y climáticas de los páramos del Azuay.
El objetivo del programa es que esa descendencia pueda ser reintroducida en el macizo del Cajas y otras áreas.
«Esperamos tener algunas crías que nos permitan devolver condoritos al macizo del Cajas y a otras zonas protegidas. Entre ellas Quimsacocha y las cuencas de los ríos León y Jubones, que son claves para la supervivencia del cóndor andino», señaló. (I)
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