Targelia Ambrosi llegó hace más de 30 años a la Plaza El Otorongo para residir en este tradicional sector de Cuenca. En su inmueble emprendió una tienda de alimentos, actividad que le ha permitido conocer de cerca las historias de sus vecinos y compartir las mismas necesidades.
Alrededor de las 07:00 abre su negocio, conocido como la ‘Tienda de la Sukita’. Mientras espera a los primeros clientes, junto con su esposo, Homero Guzmán, observa el paso de estudiantes que se dirigen apresurados hacia la Universidad de Cuenca y de personas que acuden a sus lugares de trabajo.
A pesar de lo atractivo que resulta la plaza y su entorno para el turismo, Targelia se muestra preocupada por la inseguridad que afecta al sector, especialmente durante la noche. Asegura que al lugar llegan consumidores de drogas y bebidas alcohólicas. También señala que personas en situación de calle, que duermen en las orillas del río Tomebamba, frecuentan la plaza y, en ocasiones, molestan a los peatones.
Otra de sus preocupaciones es que, desde hace algunos meses, el sector de las escalinatas estaría siendo frecuentado por mujeres que presuntamente ejercen la prostitución. Según la moradora, esta situación ha generado la presencia de personas de dudosa procedencia.
En los alrededores de la plaza funcionan varios negocios, entre ellos locales de comida. Karen Osorio, propietaria de un establecimiento de arepas, empanadas y panes venezolanos, comenta que los vecinos se mantienen unidos y cuentan con el respaldo de la Guardia Ciudadana. Sin embargo, reconoce que después de las 19:30 el sector se vuelve inseguro, por lo que los propietarios de los locales deben permanecer atentos a las personas que transitan por la zona.

Osorio también destaca que, hace poco, gracias a la gestión y organización de los vecinos, se logró mejorar la iluminación del sector. Considera que esta intervención ha sido fundamental para generar un poco más de tranquilidad entre quienes viven y trabajan en el lugar.
Necesidades del sector
Además de la inseguridad, los moradores reclaman la ejecución de mejoras en la plaza y su entorno. Entre los pedidos consta la intervención de la calle Presidente Córdova, donde comienzan las escalinatas, para construir y ampliar las aceras y facilitar el desplazamiento de peatones, especialmente adultos mayores y niños.
En el área de las escalinatas también señalan que hace falta mayor limpieza. Mientras que en la plaza consideran necesaria una intervención integral debido, entre otros aspectos, a la falta de bancas donde propios y visitantes puedan descansar.
Los moradores conocen que existe un proyecto municipal para rehabilitar integralmente este espacio. Sin embargo, esperan que en su planificación se consideren las observaciones y necesidades planteadas por el vecindario y que la intervención se ejecute pronto.
Proteger el uso de suelo residencial
Entre los vecinos de El Otorongo surge una propuesta para evitar que esta zona residencial sea desplazada por el avance de actividades comerciales. El arquitecto Manolo Salgado plantea el proyecto denominado “Una ciudad de 15 minutos”, que propone distribuir los espacios de una vivienda para que distintas personas puedan habitar en un mismo inmueble, con comodidades, tranquilidad y cercanía a sus lugares de trabajo.
La propuesta también plantea establecer un uso de suelo que proteja el carácter residencial del sector, mediante una ordenanza que limite el avance de bares y discotecas.
Salgado pone como ejemplo lo ocurrido en la Calle Larga, donde, según señala, las viviendas han sido progresivamente desplazadas por establecimientos comerciales.
El profesional advierte que El Otorongo podría convertirse en una nueva Calle Larga si no se establece a tiempo un plan de manejo y una regulación para el uso y la gestión del espacio público. (I)
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