En estas últimas semanas la vía Cuenca-Molleturo-El Empalme ha sido el escenario trágico para decenas de familias.
En abril anterior, el vuelco e incendio de un bus dejó como saldo 15 personas fallecidas y 29 heridos.
El pasado fin de semana, una falla en el sistema de frenos de un camión hizo que se impactara con otros tres vehículos. Diez heridos y onerosas pérdidas materiales.
Accidentes como los descritos, además de choques, colisiones, entre otros, son comunes y corrientes en esa vía, casi desde cuando entró en servicio.
Se caracteriza por tener descensos prolongados y curvas cerradas, una tras de otra. Deslizamientos de tierra no faltan. Igual la densa neblina y una precaria señalización.
Según profesionales mecánicos, aun sabiendo esas condiciones, muchos conductores de vehículos, sea livianos o pesados, usan en exceso el pedal del freno. Esto provoca el sobrecalentamiento del sistema.
Y porque lo saben lo dicen: la revisión mecánica de los automotores es deficiente. En los pesados, “suelen detectarse fugas de aire, desgaste de pastillas, líquido contaminado y frenos desajustados”.
Es más, no pocos choferes descienden en cambios altos, dependiendo únicamente de los frenos, cuando lo sensato es hacerlo en marchas cortas.
Estas observaciones siempre se han hecho; pero poco o nada tomadas en cuenta.
Un bus de pasajeros, los de carga, aun los de menor cilindraje, deberían ser sometidos a un chequeo mecánico permanente, si es posible trimestral. No esperar el año, es decir cuando corresponde la matrícula.
Tras los recientes accidentes, más voces se suman para que se instalen rampas de frenado de emergencia en descensos prolongados y en otras zonas críticas. Esto permitirá reducir la velocidad de camiones sin control.
Igual, que se colocaran zonas de escape con pendientes ascendentes o barreras de contención.
Esas y otras observaciones y recomendaciones son bienvenidas. ¿A quién corresponde efectivizarlas?




