Primarias y candidaturas

El jueves próximo vence el plazo para que las organizaciones políticas, por sí solas o a través de alianzas, seleccionen, mediante elecciones primarias, a sus candidatos a alcaldes, concejales, prefectos y juntas parroquiales rurales.

Por no decir todas, pero la gran mayoría de esas organizaciones solo se activan en tiempos electorales.

De allí el dilema de a última hora tener que encontrar   candidatos. Ahora el panorama se les complicó, una vez adelantadas las elecciones.

Las elecciones primarias, asimismo en la mayoría de casos, no son más que minucias para cumplir la ley, lejos de lo que verdadera y democráticamente deben ser.

Los ungidos, o ya son escogidos con anticipación por quienes tienen don de mando en las organizaciones políticas; se autoimponen; o son producto de ententes entre dirigentes que firman la alianza, hasta para no desaparecer del registro electoral.

Lo deseable fuera que partidos y movimientos asumieran con total responsabilidad la tarea de escoger a sus candidatos.

Es duro decirlo, pero los seleccionados, con una que otra excepción, son quienes creen que son los más populares, los que ya han estado en otras lides, los que tienen recursos para enfrentar la campaña; ahora, aquellos que más seguidores tienen en las redes sociales.

De los planes de trabajo, que por obligación tienen que presentar al CNE, ya se encargarán los asesores, consultores y más activistas o “soldados de campaña”.

Ningún partido ni movimiento tienen escuelas de formación política. Sin ideología ni objetivos claros; plagados de adherentes, que no saben ni para qué lo son, es fácil diseccionar para ver la calidad de los ungidos.

Es de temer que, una vez más, haya tal cantidad  de candidatos para tal o cual dignidad, que a la ciudadanía le será imposible dilucidar para ver, supuestamente, al mejor, al menos mediocre, al que despierte algo de credibilidad.

Pero eso es lo que tenemos en democracia.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO