La muerte llega cuando menos pensamos y no requiere de bienes materiales, con lo que demuestra que lo superfluo es transitorio. Por ello conviene, alguna vez, dedicar nuestro tiempo a vivir con algún propósito de mayor valor. La verdadera fortuna implica otros valores que pueden ser espirituales, acaso recuerdos y vivencias, aprendizaje y riqueza intelectual, …








