La irrupción de la inteligencia artificial en la política plantea un desafío ético que no puede ser postergado. Estas herramientas tienen el potencial de mejorar la gestión pública, optimizar la toma de decisiones y acercar a los ciudadanos a los procesos democráticos. Sin embargo, también pueden ser utilizadas para manipular la opinión pública, segmentar discursos …









