En tiempos en los que la opinión pública suele formarse más por percepciones que por evidencias, disponer de un instrumento riguroso que permita mirar la ciudad con honestidad se convierte en un bien público. El informe Cuenca Cómo Vamos 2025, elaborado por un equipo interdisciplinario de la Universidad del Azuay, la Fundación Huasipichanga, medios de comunicación y representantes de la sociedad civil es una señal de madurez democrática.
Cuenca lidera indicadores nacionales de bienestar, pero el propio informe revela matices. El déficit cualitativo de vivienda alcanza el 40,6 % del cantón y, aunque el 94,4 % de hogares dispone de servicios básicos adecuados, el documento advierte que estos promedios cantonales ocultan brechas entre zonas urbanas y rurales. Estos datos obligan a preguntarnos para quiénes se sostiene realmente este estándar de calidad de vida.
La seguridad evidencia una dualidad similar. Cuenca registró en 2024 una tasa de 3,35 muertes intencionales por cada 100.000 habitantes, muy inferior al promedio nacional (39,23). Sin embargo, el 71,4 % de esos homicidios estuvo vinculado a delincuencia común, mientras persisten altos niveles de incidentes de convivencia y la violencia contra la mujer continúa como un problema estructural. Cuenca es segura en cifras, pero no siempre en la experiencia cotidiana de sus barrios y hogares.
La gestión pública también muestra tensiones relevantes. El informe destaca buenos tiempos de respuesta, pero identifica ineficiencias en la ejecución financiera, saldos por devengar y un uso poco estratégico del tiempo del Concejo, señales de una ciudad que responde, pero no siempre proyecta.
El verdadero aporte de Cuenca Cómo Vamos no está en las cifras aisladas, sino en la valentía de traducirlas en una conversación pública necesaria. Es un recordatorio de que una ciudad madura no le teme al autodiagnóstico: lo utiliza para corregir, para aprender y para crecer.











