No se puede seguir impávidos. Tampoco mirando para otro lado. Aún menos cuando las instituciones buscan ser tomadas por los vivos, las bandas y los bandidos; los arribistas y los que ignoran lo que hacen. Otros saben muy bien lo que están haciendo.
No somos ingenuos. La estrategia es muy clara: pasar por las rastreras fórmulas, decisiones y omisiones, y el famoso “no me he dado cuenta”, con la finalidad de seguir libretos y guiones en los aprietos, a la rápida y con intereses de grupo. El Ecuador no precisamente interesa.
La gestión de la justicia tiene dos modelos: el norteamericano, sin la presencia de un órgano autónomo encargado de su sección administrativa; y el europeo continental, con la existencia de un órgano encargado del gobierno del sistema judicial. Algunos diseños institucionales contemplan la presencia de los propios magistrados y jueces; en otros casos, solo externos; y otros combinan mayoría de jueces y minoría de externos.
El caso ecuatoriano configura un Consejo de la Judicatura que se integra por externos, delegados del Legislativo, Judicial, Ejecutivo, Fiscalía y Defensoría Pública. En la mitad, un Consejo de Participación Ciudadana (yo le llamo engendro constitucional), que es el encargado de desarrollar el proceso final de veeduría e impugnación para la designación. Este Consejo —el país lo conoce— ha tenido una actuación con más dudas que certezas. Órgano inservible, cuyo rol ha sido ser instrumento para designar a las más importantes autoridades de control del Estado y tomarse las instituciones. No para fortalecer al Estado y a la democracia.
El país tiene dos dictámenes sustanciales de la Corte Constitucional (8-19-RC/19 y 6-22-RC/22) que: primero, habilitan la vía de enmienda (trámite exclusivamente en la Asamblea, sin consulta popular) para eliminar la atribución del Consejo de Participación para designar autoridades; y segundo, instrumentan un mecanismo de designación de los delegados a la Judicatura, incluyendo la participación de una comisión técnica que integra también a representantes de universidades saliendo del Consejo de Participación. Hay caminos. Pero hay que querer que las cosas cambien. Y estudiar un poquito también. Es decir, el país debe avanzar y no detenerse en el nefasto inmovilismo. (O)
@jchalco










