Ikigay: del simbolismo y la vibración

En una era de profundas transformaciones que reconfiguran el concepto mismo de comunidad y reemplazan el espacio por “ecosistemas” digitales asilados en una nube imaginaria que emerge como nueva plataforma de relación, desdibujando las fronteras de la realidad y la realidad virtual, surge, planteada por Ken Mogi una pregunta ontológica: ¿dónde reside la frecuencia de lo vivo? La hiperconectividad deconstruye el contexto de lo social desde la desconexión emocional y la subordinación de lo racional.

En este escenario, Mogi, desde el Instituto Tecnológico de Tokio nos convoca a entender y practicar el Ikigay como la resonancia que sintoniza el gesto de lo cotidiano con el pulso de lo trascendente, donde la interpretación adecuada de los cinco pilares que lo sostienen emerge como la llave que habilita la frecuencia vibratoria que reconfigura una “tecnología del alma frente al ruido digital”.

Así, desde el primer pilar, la frecuencia de apertura, que se activa desde la humildad como acto de resistencia de la semilla que no necesita ser bosque para ser, creer y manifestar, desde la posibilidad del aprendizaje como certeza de construcción permanente; avanzamos por la renuncia del ego -segundo pilar- cuando acallamos el ruido de la vorágine de la sociedad que consume y se consume en un ejercicio de gula programado por las estructuras de la economía como motor social; provocando una recalibración vibratoria trascendente.

El tercer pilar, la resonancia con el entorno, anclado sobre la armonía del emerger de la conciencia superior que nos entiende y proyecta como partes de un ecosistema que nos cobija y al cual debemos, de manera irrenunciable, adaptar nuestros usos, costumbres y sistemas. La resonancia con el entorno significa entender que nuestra vibración individual solo cobra sentido cuando está en armonía con el tejido social y ambiental en que nos desenvolvemos.

El placer de los detalles, el cuarto pilar, nos invita a saltar sobre el algoritmo de la homogeneidad en que se sustenta la estructura de la economía del consumo. Sobre la idea: en lo pequeño reside lo sagrado, nos invita a ver más allá de los patrones generales y buscar la textura particular de cada elemento, la calidez de cada palabra o la presión de un trazo sobre el lienzo, la vida no es la suma de grandes eventos, sino la acumulación de emociones, sensaciones y experiencias.

Finalmente, el quinto pilar, vivir en el presente; en tanto la inteligencia artificial se alimenta del pasado en un intento por deconstruir el futuro, habitar el presente es la capacidad distintiva de nuestros procesos racionales, el presente es el espacio donde la vida ocurre y el quinto pilar nos recuerda la necesidad de enfocarnos sobre él.

Desde una narrativa de la posmodernidad me permito sugerir, parafraseando a Nogi, el Ikigay como una tecnología de lo interior, mientras la IA optimiza funciones de procesamiento de información nosotros deberemos recuperar la capacidad de cultivar frecuencias de sentido que nos conecten y reconecten con el tiempo presente. (O)

Econ. Tito Astudillo S.

Econ. Tito Astudillo S.

Economista y máster en Comunicación y Marketing Político. Docente e investigador universitario en la Universidad Católica de Cuenca. Consultor en estrategia y desarrollo organizacional y en comunicación política.