En Ecuador, el uso de tarjetas está cada vez más ligado al financiamiento.
Datos de la Superintendencia de Bancos muestran que, en febrero de 2026, el 91,6 % del monto total de transacciones correspondió a crédito, con más de 539 millones de dólares, mientras el débito representó apenas el 7,9 %.
En la práctica, más de nueve de cada diez dólares que se pagan con tarjeta provienen de operaciones financiadas, lo que posiciona al crédito como un componente central en el consumo de los hogares.
El destino de ese gasto refleja su peso en la vida cotidiana. Las transacciones se concentran en categorías como supermercados, salud, restaurantes, vestimenta, educación y vehículos.
Solo en restaurantes se registraron más de 6,3 millones de consumos por cerca de 120,8 millones de dólares en febrero de 2026, mientras que en supermercados el monto superó los 229 millones.
Desde Defensa Deudores Ecuador se advierte que esta dinámica responde a una necesidad creciente.
“Seis de cada diez personas recurren al endeudamiento para cubrir necesidades diarias”, señala la organización.
Del consumo al sustento
El crédito de consumo ha ganado terreno en los últimos años como una herramienta frecuente entre los hogares.
Pero su uso no se limita a cubrir gastos inmediatos. Datos de PayJoy indican que una parte de los usuarios lo emplea para generar ingresos o impulsar pequeños negocios.
“Con un manejo responsable y un buen comportamiento de pago, este registro puede abrir la puerta, con el tiempo, a que otras entidades otorguen productos financieros que acompañen proyectos y metas personales”, explicó Joaquín Dávalos, country manager de PayJoy Ecuador.
Las cifras también delinean el perfil de los usuarios: jóvenes entre 18 y 34 años, con ingresos limitados.
Historias detrás de la deuda
En ese contexto, el crédito se convierte en una herramienta con múltiples usos. Daniel Carbo Ordóñez, abogado y docente universitario, ha recurrido a este financiamiento durante la última década ante la falta de acceso a préstamos educativos.
“Eso implica más intereses, pero he podido hacer precancelaciones y cumplir antes de tiempo”, explica. Su estrategia, asegura, le ha permitido mejorar su historial crediticio.
También procura «no sacar créditos para pagar otros créditos porque es tapar un hueco con otro hueco”.
Otra experiencia es la de José Orellana, quien actualmente paga un crédito que asumió para ayudar a un tercero. Señala que este tipo de decisiones puede complicarse, ya que la responsabilidad recae en quien figura como titular.
En el ámbito comercial, el financiamiento cumple un rol distinto. Juana, comerciante del Centro Histórico, utiliza créditos de entre 5.000 y 8.000 dólares como capital de trabajo para su negocio textil. Ante la caída de ventas, ha recurrido a estos recursos para abastecerse de mercadería con miras a fechas clave como el Día de la Madre.
Más crédito, más economía… y más riesgos
El crecimiento del crédito de consumo también se refleja en cifras macroeconómicas.
Según el economista Carlos Peña, docente del Instituto Wissen, este segmento pasó de 16.800 millones de dólares en 2017 a 41.700 millones en 2024, y en lo que va de 2026 alcanza los 46.400 millones.
“Hay una tendencia al alza. En paralelo, la deuda de los hogares aumentó un 58 % hasta 2025 y representa el 17,4 % del producto interno bruto. Esto quiere decir que, en promedio, cada familia tiene una deuda de 4.600 dólares”, indicó.
Este comportamiento tiene efectos directos en la economía. “Cuando existen más créditos significa que hay más consumo. El aumento de compras dinamiza el comercio y eleva la producción”, explicó Peña.
Sin embargo, también hay alertas. El incremento del gasto puede presionar los precios si la oferta no crece al mismo ritmo.
Evelyn Blandín, economista del Instituto Wissen, advierte un cambio en el uso del crédito.
“La gente ya no lo utiliza para proyectos grandes, sino para cubrir necesidades del día a día. Usarlo de manera responsable ayuda, pero sin educación financiera puede generar sobreendeudamiento, estrés financiero y dependencia”, señaló.
El analista Carlos Cordero coincide en que el crédito es un motor del comercio. “Permite financiar compras que no pueden hacerse de contado. No es negativo en sí mismo; el problema aparece cuando no se puede pagar”, afirmó.
Peña añade que, ante la falta de acceso al sistema formal, parte de la población recurre a mecanismos informales con condiciones más costosas. “El reto es tener un sistema financiero más inclusivo y sostenible”, concluyó. (I)
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