Espero que ustedes no se preocupen demasiado con los renglones que siguen. En ocasiones me parece vivir en un mundo que se encuentra en acelerada agonía. Así como vamos imposible anunciar que llegaremos a la meta: crecer y multiplicarse. Nos hemos dejado llevar por quienes disfrutan cuesta abajo, es decir, en vez de luchar se dejan arrastrar por la corriente. Comento con ustedes estas inquietudes con la finalidad de poner sobre la mesa un tema para un sano intercambio de opiniones.
1.Cuando miro a mi alrededor y converso con gente joven, sana física y moralmente, me encuentro con una escala de valores que dista de aquella de hace algunas décadas.
2.Quienes llegan a casarse, que ya no son mayoría, tienen como meta trabajar para disfrutar en pareja. ¿Los hijos? Si llegan: uno, máximo dos. La urgencia de trabajar les conduce a dejar el cuidado del o los infantes en manos de auxiliares porque la pareja necesita salir para hacerse de un capital que facilite cumplir con sus aspiraciones. Me preocupa que lo descrito no sea una excepción, sino que día a día se convierta en la opción que gana más adeptos.
3.Si se piensa sólo en las parejas, en su bienestar y en las exigencias de la sociedad se puede llegar a estar de acuerdo con este nuevo modus vivendi.
4.Pero, lectores de El Mercurio, si pensamos en nuestra sociedad luego de cincuenta o más años, nos encontraremos con una población reducida en número y carente de nociones y metas que puedan ser útiles para volver, algún rato, sobre los pasos dados.
No me alargo más. A buenos entendedores pocas palabras. Si queremos un Ecuador para disfrutarlo durante cuatro o cinco décadas, sin que luego nos importe el futuro familiar y nacional, entonces estamos en el camino correcto.
El tema es controversial y merece ser discutido, amigos familiares y familiares amigos de El Mercurio. (O)






