El oficio del poncho: tres formas de elaboración entre tradición e innovación en Cuenca

Leonardo de la Torre, oriundo de Otavalo, mantiene un taller en Sinincay, donde combina técnicas tradicionales con innovación textil. XCA

La confección del poncho mantiene una producción que articula técnicas de telar, bordado y diseño textil en un oficio que se sostiene entre talleres familiares, formación académica y adaptación a un mercado marcado por el turismo, la migración y la competencia industrial.

Este sistema configura, además, una ruta que permite recorrer los lugares donde se elaboran los ponchos, desde talleres comunitarios hasta espacios de diseño y comercialización.

Los tiempos de producción van desde unas horas hasta más de una semana, con precios desde los 25 dólares, según su complejidad y materiales.

Telar andino

La producción en telar andino es una de las bases del oficio. En Sinincay, Leonardo de la Torre trabaja en el taller Yarik Artesanías, negocio familiar instalado hace más de una década.

Originariode Ilumán, Otavalo, su aprendizaje proviene de un legado familiar.

El proceso inicia con la lana de oveja y alpaca, que se transforma en hilo. Luego se realiza el urdido, que consiste en ordenar y tensar los hilos en el telar para formar la base del tejido. Esta etapa puede requerir alrededor de 1.100 hilos, según el ancho y el diseño del poncho.

En el taller produce ponchos tradicionales, fajas y prendas híbridas con algodón. La venta se realiza en el taller y en una tienda ubicada en las calles Benigno Malo y La Mar, donde los familiares de los migrantes adquieren los productos para enviar al exterior, especialmente en temporadas de frío en otros países. Esta demanda se incrementa desde agosto.

“El mercado ha cambiado. Hace unos 10 años era muy apreciado el trabajo artesanal, pero esto ha disminuido. Actualmente, quienes más adquieren son los turistas que vienen del Guayas a la Sierra, debido a las bajas temperaturas”.

Academia

En el ámbito académico, el poncho se incorpora al diseño contemporáneo.

Una modelo luce un diseño de Silvia Zeas, donde la macana y los tejidos artesanales se reinterpretan en un poncho contemporáneo. XCA

La diseñadora Silvia Zeas desarrolla colecciones basadas en investigación y reinterpretación de técnicas tradicionales. Su trabajo incluye la macana de Gualaceo elaborada con técnica Ikat por artesanos de la familia Jiménez.

Utiliza fibras como algodón, alpaca, lana merino y mezclas sintéticas, con precios que superan los 300 dólares. Ha participado en eventos internacionales y su mercado abarca Ecuador, Estados Unidos, Canadá y Europa.

También realiza capacitación con comunidades artesanales. “Como diseñadores podemos potenciar elementos culturales y técnicas textiles nuestras, que en otros lugares no hay. Se puede hacer mucho desde el diseño”.

Su tienda está ubicada en el sector de Cristo del Consuelo en San Joaquín, donde se puede adquirir las prendas y conocer sobre su trabajo.

Bordado

El bordado constituye otra línea de producción. Carmen Cuji, originaria de Chimborazo, elabora ponchos con técnicas aprendidas de su madre Tránsito Gómez y desarrolladas de forma autónoma. El bordado puede tomar entre 8 y 24 horas, y la confección completa hasta 40 horas.

La competencia del bordado mecanizado ha reducido costos en el mercado, lo que ha obligado a ajustar procesos artesanales. Sus productos se venden desde 40 dólares y se exportan a varios países.

Carmen Cuji indica uno de sus ponchos bordados a mano, una prenda que refleja tradición e identidad. XCA

Con el uso de las redes sociales vienen influencias de otros países, así que innovamos para ajustarnos a las tendencias de la moda. Se hacen prendas versátiles”, dice desde su local ubicado en el Centro Municipal Artesanal (CEMUART), en las calles General Torres y Presidente Córdova.

Cuji también imparte talleres y ha capacitado a cerca de 100 personas. “Esto me ha inspirado a compartir mis conocimientos. Pienso que estoy haciendo un buen oficio porque algunas de mis alumnas tienen la intención de emprender con el bordado”.

Los tres casos reflejan la coexistencia de telar manual, diseño académico y producción artesanal adaptada al mercado. El poncho se configura como un producto que combina herencia cultural, innovación y sostenibilidad económica del trabajo manual. (PNH)-(I)

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Patricia Naula Herembás

Patricia Naula Herembás

Licenciada en Comunicación Social con experiencia en medios tradicionales y digitales. Hace coberturas y redacción de temáticas de emprendimiento, empresarial, sociedad e interculturalidad.