Soy futbolera, me encanta el fútbol, hasta estoy llenando el álbum. Pero que el mundial sea la primera información en los noticieros de la televisión nacional es ofensivo; que los primeros diecisiete minutos se dediquen al mundial cuando hay una epidemia de tuberculosis en las cárceles del país, es inhumano. El gobierno de Daniel Noboa guarda un macabro silencio sobre la salud, la alimentación y la crueldad infringida contra la población carcelaria. Familiares, abogados y defensores de derechos humanos denunciaron desde el año pasado la presencia de esta enfermedad, cuya transmisión puede ser hasta cien veces mayor en entornos cerrados. Aunque las autoridades insisten en negar la epidemia, reconocen más de 600 muertes en las cárceles por tuberculosis en el último año. Ser cómplice de este silencio criminal traiciona la responsabilidad ética y social de los medios de comunicación. La pasión futbolera será, sin duda, aprovechado por un gobierno opaco, que no informa, que calla, que siempre calla cuando le conviene, que maneja las cifras de acuerdo a sus intereses y aprovecha –de manera engañosa– las redes sociales y el servilismo de las televisoras ecuatorianas que prefieren el espectáculo antes que la vida. La tuberculosis en las cárceles no puede seguir siendo invisible: es un espejo de la crisis nacional que exige verdad, responsabilidad y humanidad. (O)





