Las muertes en las cárceles ecuatorianas continúan y la opacidad de la información oficial contrasta con los datos que ofrecen organizaciones no gubernamentales. El año pasado se reportaron al menos 1220 muertes, esto equivale a más de tres fallecimientos por día –uno cada siete horas–; de esta cifra 566 fueron categorizados como “naturales”, 448 quedaron como indeterminadas o sin causa establecida y 206 correspondieron a muertes violentas –la segunda cifra más alta registrada después de 2021–. ¿Qué de natural hay que una persona joven muera bajo la custodia del Estado? ¿Cómo puede alguien morir y no establecerse la causa? En medio de masacres, brotes de tuberculosis, denuncias permanentes de desnutrición y hacinamiento, las cárceles del país se han convertido en macabros y caóticos escenarios de muerte. Investigaciones y estudios realizados por Ongs dan cuenta –gracias a testimonios, información recopilada y trabajo de campo–de alertas sanitarias y alimentarias ignoradas, de falta de acceso a atención médica, de ausencia de información sobre las muertes y gestión de cadáveres. No es posible que el silencio gubernamental sea la respuesta a la desesperación de cientos de familias que viven atemorizadas y en espera de que algún día les llegue el anuncio de la muerte de su familiar. No podemos aceptar estas muertes extrañas, crueles, invisibilizadas. La militarización no devuelve la vida ni la dignidad, novuelve más segura a una sociedad, señor Noboa. (O)









