Solsticio

Hace pocos días, los pueblos quechuas, como en el Cuzco o en Ingapirca, así como en muchas comunidades andinas, conmemoran la ceremonia más importante del año: el Inti Raymi, dedicado al padre Sol, que se realizó el 21 de junio por el solsticio de invierno. Esta fiesta prehispánica, muy bien documentada, tenía un gran significado, ya que el Dios Sol renacía para dar inicio a un nuevo ciclo; fiesta que duraba hasta quince días.

El solsticio de invierno conmemoraba el día más corto y la noche más larga del año. Para los Incas, este era un fenómeno de mucha importancia que se relacionaba con el origen del pueblo Inca, al que concurrían los Orejones de sangre real y los Curacas. La noche y el día anterior al 21 se apagaban todas las fogatas, mientras que el Soberano esperaba la salida del Dios Sol y el advenimiento de la Luz; luego brindaban la chicha y se encendía el fuego nuevo. Hoy en día, la celebración del Inti Raymi en el solsticio de invierno continúa llevándose a cabo.

La celebración del solsticio se conmemora cuando el sol alcanza su posición más alta, y se festejaba desde hace miles de años en diversas culturas del mundo. El fenómeno astronómico del solsticio, que ocurre en junio y diciembre, espiritualmente es un portal energético que celebra el triunfo de la luz sobre la oscuridad, invitándonos a la introspección. Es como una puerta a la renovación para celebrar el poder de la luz del sol en su máximo esplendor.

Múltiples culturas, esoteristas y espiritualistas conmemoran esta fiesta de la Luz, que invita a reflexionar sobre el camino iniciático, ya que la luz es el símbolo universal del conocimiento, mientras que la oscuridad representa la ignorancia y la confusión. La luz es la conquista del conocimiento al que se llega con la lectura, el estudio, la reflexión y la investigación. Mientras más luz y más fuego existan, mayor será la claridad que luego beneficiará a la sociedad. (O)

Dr. Nicanor Merchan Luco

Dr. Nicanor Merchan Luco

Periodista. Licenciado en Humanidades. Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Máster en Antropología del Desarrollo y Doctor en Arqueología. Se desempeña como director de El Mercurio. Escribe, principalmente, sobre temas ambientales.