La llegada temporal de Marisol Peñaloza a la Alcaldía no es un hecho aislado, es el resultado de más de un siglo de luchas por la participación política femenina. Para comprenderlo, es necesario trasladarnos al pasado. Cerremos los ojos e imaginemos a una sociedad donde solo los varones tenían derecho al voto y a ser elegidos como autoridades. Fueron pocas las mujeres que se atrevieron a protestar y exigir igualdad de condiciones. En 1907, Matilde Hidalgo fue la primera mujer bachiller y en 1921 se convirtió en la primera médica de la república del Ecuador. Tres años después fue la primera en ejercer el derecho al voto en América Latina.
La Constitución reconoció este derecho para las mujeres alfabetizadas desde el año 1929. A partir de esta fecha les ha costado ganarse un lugar, espacio y cargo político. La Ley de Cuotas de 1997 determinó un porcentaje mínimo de participación femenina en las listas electorales. Y en el 2008 empieza a escucharse el término paridad y alternabilidad en los cargos públicos.
Precedentes existían, aun así a Rosalía Arteaga le hicieron el feo en la política nacional. No le dejaron ser Presidenta. Bajo la figura del vacío constitucional el sillón presidencial fue para Fabián Alarcón. Aunque no era conocido el concepto de violencia de género, algunos analistas consideran que este hecho marcó un precedente.
Esto aconteció en el contexto nacional del Ecuador y trascendió. En el 2024, Daniel Noboa, al hacer uso de la licencia para hacer campaña electoral no le permitió a su vicepresidenta, Verónica Abad, acercarse al Palacio Presidencial; más bien le suspendió del cargo.
En junio de 2026, Marisol Peñaloza asumió la Alcaldía de Cuenca por subrogación en su calidad de vicealcaldesa. Por primera vez, el Municipio de Cuenca quedó bajo el liderazgo de una mujer. Llegar hasta aquí fue el resultado de haber defendido sus derechos políticos: un 27 de agosto del 2019 fue elegida como vicealcaldesa tras haber presentado una acción de protección. Si se hubiese quedado cruzada de brazos lo que está viviendo hoy, no hubiese pasado.
Para las mujeres es gratificante observar como una líder de la ruralidad ha construido una trayectoria política. La participación política de las mujeres cuencanas nos recuerda que los derechos conquistados se robustecen cuando se los puede ejercer. Está en manos de Marisol el trascender porque en las manos de las mujeres no se escapan los detalles. Y de detalles está hecha la vida misma.
En política el verdadero desafío de las mujeres es garantizar que las puertas no cierren jamás. (O)





