El tiempo en política es una variable fundamental. Cuando faltan pocos días para que se registren ante el Consejo Nacional Electoral las alianzas que participarán en las elecciones, los anuncios de acercamientos o distanciamientos no son inocentes. Las candidaturas en Guayaquil ilustran con claridad esta dinámica. Mónica Luzárraga anunció su participación para la Alcaldía junto con organizaciones de izquierda, como Unidad Popular y Pachakutik, y con Futuro 20 —antes Democracia Sí—, dejando atrás las conversaciones previamente establecidas con el Partido Socialista y Revolución Ciudadana.
Pocas horas después del anuncio, ya circulaba un video promocional de la candidatura y se activaba una agenda de medios y eventos para posicionar a la alianza, anticipadamente bautizada como “Unidad”. A Revolución Ciudadana y al socialismo les quedaba poco tiempo para reaccionar; de ahí el rechazo, las acusaciones y la sorpresa. El tiempo les jugó en contra.
En la otra orilla, el anuncio de Cynthia Viteri de buscar regresar al Municipio de Guayaquil con el respaldo de ADN, movió un tablero ya inestable, dejando a Olsen para disputar la alcaldía en Samborondón, cuando quedan apenas horas para conocer si la papeleta terminará favoreciendo la dispersión o la asociación. Cada anuncio obliga a recalcular fuerzas, territorios y posibilidades.
Mientras la oposición permanece concentrada en sus fracturas y negociaciones, el Consejo Nacional Electoral decide negar la solicitud de inicio del proceso de revocatoria al mandatario. El momento no es irrelevante: con sus adversarios ocupados en definir candidaturas y alianzas, se hace pública una decisión que, en otras circunstancias, podría haber articulado voluntades y provocado un mayor desgaste político. El tiempo en política es una variable fundamental. (O)
@avilanieto










