El bello país del centro del mundo, de cuyas cúpulas los geodésicos midieron su cintura, va tocando fondo, pues está consiguiendo un título espantoso y brutal, el de ser uno de los piases más violentos del mundo, pues el récord de asesinatos en los diez primeros días del año es la no despreciable cifra de treinta y más asesinatos y sicariatos aleves y sistematizados, perpetrados a la luz del día y en tugurios o centros privados como Mocolí en Guayaquil, que son gravados a toda luz y desparpajo, pero el grueso de los asesinatos es la bella Manabí de mis amores de donde parten las lanchas cargadas de polvo blanco
Imágenes dantescas difíciles de reproducir en las películas de horror más desinhibidas, nos muestran cinco cabezas decapitadas en alta mar y luego colgadas en unas guaduas en una bella playa algo lejana de Puerto López, con un gran letrero disuasorio en contra de los delincuentes que cobran por dejar pescar a los pescadores artesanales que buscan su sustento diario entre olas bravas y frio y que llaman delicadamente, vacunas.
Llegó la hora de emprender una verdadera guerra encabezada por el gobierno y fuerzas militares y policiales y ayudados por expertos internacionales a quienes también les conviene limpiar el terreno ecuatoriano, toda vez que la enorme mayoría de droga que se exporta como principal ruta mundial a EEUU y Europa, es la nuestra.
No es simple claro. Pero el empeño valdrá y es ya urgente la solución, pero existen muchos frentes y bien conocidos amparados en la corrupción más generalizada a todo nivel y en especial en la justicia donde jueces corruptos y desvergonzados, de un plumazo sacan de la cárcel a los traficantes y miembros de cárteles organizados, llenos de armamentos y recursos con la inimaginable cantidad de dinero que manejan y que son los encargados de los asesinatos y sicariatos que hoy lamentamos, en reyertas entre diferentes frentes de narco traficantes, incluyendo cárceles donde se matan por decenas para lograr su hegemonía criminal y control en los alijos de droga que parten en lanchas rápidas a Florida y también en contenedores contaminados, donde los controles son pagados para lograr ceguera total del contrabando.
Tan complicada aparece la lucha, que Colombia y Perú que son grandes productores, deberán ser también intervenidas con ayuda de fuerzas internacionales, pues nosotros somos apenas caleta y ruta de expendio en los grandes mercados mundiales de la droga. Llegó el momento, presidente Noboa. (O)









