La casa que se moría de nostalgia 

La casa de dos pisos, de fachada blanca y tejado añoso. Una terraza amplia que miraba al jardín donde dormía, vacía desde hacía muchos años, una pileta con forma de nota musical, construida al pie de una palmera descomunal que albergaba ejércitos de gorriones; estos, de tanto en tanto, invadían la casa. Yo la recuerdo grande, grande y desolada. Corredores amplios donde el silencio reposaba como un manto de seda. Alguna vez fue alegre, sin duda: viva, ruidosa, poblada de los olores de la cocina familiar, de la risa de los nietos y de la tierna presencia de los abuelos. Ahora todos se habían ido. La casa estaba vacía de ruidos y aromas, salvo el olor a tierra mojada que se colaba desde el jardín cuando llovía.

En el segundo piso: la sala grande, la mesa enorme que recordaba banquetes de otros tiempos. El techo de estuco medio labrado, las lámparas de cristal y una radiola alemana que pertenecía al abuelo. Mi habitación, en la planta baja, al final del pasillo, con vista al jardín y al taller de pintura de papá.

Al final, quedamos solamente tres espíritus en la gran casona. Se volvió triste, misteriosa, como si guardara algo oscuro en sus entrañas de adobe, pese a la luz del día que entraba a raudales por sus amplios e innumerables ventanales. Tenía su propia respiración, cansada por los años. Por las noches resollaba como un animal herido. Y tenía ojos, una mirada de angustia que parecía observarte cuando pasabas, apretando el paso, junto a las habitaciones cerradas. Yo creo que estaba enferma de pena, que se moría de nostalgia.

El resto de la historia no es más que imágenes difusas de una infancia que se va perdiendo en la memoria. El corredor principal, donde jugaba a las canicas tumbando soldados de plástico con la Belchi, me parece. El cuarto del hermano, con los aviones a escala suspendidos en el aire; el porche de baldosas rojizas donde papá me despedía por las mañanas para ir a la escuela. Fragmentos aislados de esa vieja nostalgia transfigurada, en los que uno ya no sabe qué recuerda ni qué imagina… (O)

@andresugaldev

Dr. Andrés Ugalde

Dr. Andrés Ugalde

Analista político y económico. Fue Director Provincial de Desarrollo Económico y Concejal Urbano. Actualmente es Director de la Carrera de Ciencias Políticas y Gobernanza en la Universidad Católica de Cuenca