El ser humano utiliza el calendario como gesto simbólico para marcar hitos. En política, el primer año de gobierno suele ser la última gran ventana de impulso antes del desgaste natural del poder. En el caso de Daniel Noboa, este aniversario tiene una característica distinta: por primera vez gobierna con una Asamblea alineada al Ejecutivo, un entorno institucional favorable y buena parte del sistema medial sometido en buena medida por la presión publicitaria, administrativa y judicial. Sin embargo, pese a esas condiciones, los indicadores muestran un deterioro acelerado de legitimidad. Según el CIEES, entre mayo del 2025 y mayo del 2026 la valoración positiva del gobierno cayó de 59,5 % a 25,5 %, mientras la negativa alcanzó el 75 %.
La pérdida de confianza parece ser uno de los problemas centrales de esta administración. Lupa Media identificó alrededor de un 55 % de afirmaciones falsas o imprecisas en las declaraciones presidenciales de este período, mientras el indicador de confianza en la palabra del mandatario apenas llega al 23 % (según CIEES). No es un dato menor. La confianza y la aprobación suelen depender de la percepción ciudadana sobre la capacidad del gobierno para resolver problemas concretos. Y justamente ahí persisten las principales preocupaciones del país: inseguridad (49 %), dificultades económicas (26 %) y una creciente percepción de mal gobierno y corrupción (22 %).
El clima social tampoco acompaña al Ejecutivo. El pesimismo alcanza al 80 % de la población y se mezcla con sentimientos de miedo, indignación y frustración que atraviesan distintos territorios del país. Quito —y probablemente Cuenca— se han convertido en espacios particularmente críticos frente al gobierno. Los hechos ayudan a explicar esa sensación. De las 50 promesas monitoreadas por Lupa Media, menos de una quinta parte registra cumplimiento efectivo. Aunque ciertos indicadores de violencia muestran descensos parciales, la situación económica continúa deteriorándose: aumenta el subempleo, disminuye el empleo adecuado y buena parte de la población sigue sintiendo que las condiciones de vida no mejoran.
Los desafíos para los próximos años son incluso mayores que los del inicio de esta administración. La violencia no logra estabilizarse, la presión económica aumenta y la percepción de un gobierno mal gestionado o corrupto gana espacio en la opinión pública. Todo esto ocurre a puertas de elecciones seccionales y ante la amenaza de un fenómeno de El Niño que, según la comunidad científica, podría ser uno de los más severos de los últimos años. Gobernar un país atravesado por miedo, fragilidad económica y amenazas climáticas requiere legitimidad y confianza pública. Y precisamente ese parece ser hoy el capital político que el gobierno pierde con mayor velocidad. (O)
@avilanieto


