Hay nostalgias que llegan sin anunciarse. Se levantan silenciosamente del polvo, del olor del papel envejecido, del crujido de una página olvidada. Así me ocurrió hace pocos días, mientras limpiaba mi pequeña biblioteca, ese territorio íntimo donde todavía sobreviven, como viejos soldados después de la batalla, centenares de libros que alguna vez acompañaron la juventud, …


