Presunta amenaza de tiroteo en colegio Garaicoa: el reto de educar ante la «violencia viral»

Vigilancia en la Unidad Educativa “Manuela Garaicoa de Calderón”, tras la alerta de un supuesto tiroteo, que las autoridades vincularon a un reto viral de redes sociales.

Una alerta generó preocupación en la Unidad Educativa “Manuela Garaicoa de Calderón”, luego de que estudiantes hallaran mensajes en los baños de básica superior que advertían sobre un supuesto tiroteo el 29 de abril, firmado por el grupo de delincuencia organizada «Los Lobos».

Esto llevó a que las clases se lleven a la virtualidad, pero expone una problemática que trasciende la seguridad física.

Expertos consultados por El Mercurio indicaron que el problema no se limita a identificar a los responsables, sino a cómo responder desde la comunidad educativa frente a un entorno donde la violencia circula como contenido cotidiano.

Violencia

El sociólogo David Barzallo advierte que estos hechos están vinculados a la forma en que los jóvenes incorporan referencias del mundo criminal.

“Esto no es sino otra evidencia de la espectacularización y banalización de la violencia”, señala.

En ese escenario, plantea que la respuesta no puede centrarse únicamente en sanciones, sino en generar espacios donde esos contenidos sean cuestionados.

Su lectura apunta a la necesidad de trabajar con los estudiantes en el análisis crítico de los mensajes que consumen y reproducen.

“Llevamos décadas apelando a la narco novela, al narco relato… todo un conjunto de símbolos relacionados con el mundo de la violencia criminal… que lejos de producir rechazo en la juventud les estimula, les atrae, generando una suerte de identidad alrededor de esta estética”.

Educación

En el campo educativo, las recomendaciones se orientan hacia el trabajo conjunto con las familias.

La psicóloga Ana Loja señala que el acompañamiento en el uso de redes sociales es un punto central.

“Ya nos hemos acostumbrado a ver eso, no hay ese criterio de saber hasta qué punto es riesgoso y a qué punto se vuelve un chiste”, indica.

En ese sentido, plantea que el diálogo en casa y en las aulas es una herramienta necesaria para establecer límites y reforzar criterios frente a contenidos violentos, que tienen mayor difusión por su nivel de interacción.

La especialista señala que en el país “no hay una seguridad digital”, lo que expone a los adolescentes a contenidos no supervisados.

Plantea la necesidad de fortalecer la educación y la comunicación familiar, así como supervisar el contenido que se consume en redes sociales y promover el uso del tiempo libre en actividades como el deporte y la lectura.

Todo ello desde un enfoque preventivo y sin satanizar el uso de las redes sociales.

Prevención

A nivel institucional, los especialistas coinciden en que se requiere fortalecer los espacios de actuación temprana.

Esto incluye campañas internas, seguimiento a conductas de riesgo y acompañamiento psicológico.

El jefe de investigación del Colegio Militar «Abdón Calderón», César Méndez, ubica el origen de estas conductas fuera del aula.

«Lo que se observa actualmente son consecuencias de una permisividad normativa, por lo que es necesario regular este aspecto», aseguró.

Agregó que el Ministerio de Educación, Deporte y Cultura ha emitido un acuerdo ministerial que permite a los planteles mediar los conflictos antes de acudir a instancias externas.

Sin embargo, plantea que este proceso debería ser fortalecido desde un enfoque académico y normativo, mediante la creación de leyes que permitan retomar el control dentro del sistema educativo, dar más apoyo a autoridades y docentes porque hay sobre protección, en algunos casos, a los hijos.

“La falta de control de las familias sobre los estudiantes está aportando a que la situación llegue a aspectos importantes como este”, afirma.

Desde su perspectiva, la respuesta pasa por integrar de manera más activa a los padres en la dinámica educativa y reforzar el trabajo de los departamentos de consejería estudiantil.

Méndez plantea que estos procesos deben sostenerse en el tiempo y no limitarse a reacciones frente a casos puntuales.

Pensamiento crítico

Desde la sociología, la experta Ana Cecilia Salazar sitúa el problema en la influencia del entorno digital.

“Existe una disputa por el control no solo de territorios y recursos, no solo es una reorganización geopolítica y comercial. Hay una guerra por la colonización de la mente con el uso de las redes sociales, donde niños y jóvenes son los principales afectados», afirma.

A partir de ello, sostiene que una de las tareas pendientes es fortalecer la formación en pensamiento crítico, de modo que los estudiantes no solo reciban información, sino que puedan interpretarla y contrastarla.

«Tras la pandemia, se evidenciaron dificultades en la lectura y comprensión, y resulta que ahora ni siquiera están pensando por sí mismos, sino que han entregado esta responsabilidad, por decirlo de alguna manera, a la inteligencia artificial. Ahí hay contenedores de contenido y no generadores de pensamiento».

La especialista propone buscar “otra epistemología” para aprender, es decir, buscar métodos educativos más reflexivos.

Las medidas de seguridad adoptadas ante estas amenazas responden a protocolos necesarios, pero el análisis de los expertos apunta a otro nivel de intervención.

La respuesta desde la comunidad educativa se sitúa en la formación, el acompañamiento y la construcción de criterios frente a un entorno donde la violencia circula con facilidad y se instala en el lenguaje juvenil.

Trabajo articulado

Los especialistas coinciden en que las medidas de seguridad aplicadas ante estas alertas son necesarias, pero insuficientes si no se acompañan de acciones a largo plazo.

El trabajo preventivo dentro de las instituciones, el fortalecimiento de los espacios de orientación y la articulación con las familias forman parte de esa respuesta.

La coordinadora zonal de Educación, Marcela Villavicencio, indicó que es importante que los padres de familia tengan acercamiento con sus hijos.

«Es importante que los padres tengan acercamiento con sus hijos para evitar esta mala información, que se genera con alertas que no deberían suceder. Los chicos lo pueden tomar a chiste, sin embargo, es preocupante para la ciudad”, afirmó.

En ese escenario, la comunidad educativa enfrenta un desafío que va más allá de un hecho puntual.

La circulación de contenidos violentos, su apropiación por parte de los estudiantes y su traslado a los espacios escolares obligan a intervenir desde la formación, el acompañamiento y la construcción de criterios frente a un entorno digital que influye en las conductas. (I)

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Patricia Naula Herembás

Patricia Naula Herembás

Licenciada en Comunicación Social con experiencia en medios tradicionales y digitales. Hace coberturas y redacción de temáticas de emprendimiento, empresarial, sociedad e interculturalidad.