Qué puede pasar en un país donde la Justicia es utilizada para acallar al oponente político, al crítico del gobierno; para proteger al que se acomoda cual jaguar, para silencioso pero letal, dar el gran golpe contra su presa.
De qué Justicia independiente se puede hablar si un recién designado para tal o función, lo primero que hace es congraciarse con quien o con quienes, violando la resolución de un juez saca del ruedo, sanciona y castiga al que no se cedió al chantaje y al miedo.
Mal, muy mal anda un país donde la Justicia, por cálculos electorales, por eliminar rivales con posibilidades de triunfo; o, simplemente porque estorban y no callan, vinculan, en determinados casos, a más personas ligadas familiarmente a los que están presos mientras se los investiga.
Y lo hace sin esconder, al menos, las apariencias. Simplemente lo hace porque se sospecha o hay indicios, aunque tibios; porque le conviene a alguien, o se alguien dispone que se cumpla su voluntad omnímoda.
Con actuaciones como esas, y otras no menos turbias, el caso que se investiga degenera, se presta para ser interpretado desde diversos ángulos, con cual la Justicia es puesta en tela de duda.
Y es más perverso cuando en otros casos, esa misma Justicia mira a otro lado, tuerce las investigaciones, y los que también deben ser vinculados por tener participación directa o indirecta, y hay pruebas documentales de que algo hicieron para el cometimiento del delito, son ignorados. Y lo son por el mero hecho de ser parte del poder que todo lo abarca, que se cree que el Estado es él.
Qué puede ocurrir en un país donde jueces y fiscales, a más de ser amenazados por las mafias, son sumariados y destituidos, en la mayoría de las veces por investigar y sentenciar a los protegidos por saber quiénes.
Con ese tipo de Justicia, cualquier país sucumbe, la democracia es una caricatura, el Estado de Derecho es un papel en blanco, y la abogacía un ejercicio vil.









