La inestabilidad es, entre otras causas, el peor lastre en Ministerio de Salud Pública (MSP) en los últimos tiempos.
Que en pocos años por ese Ministerio hayan pasado siete titulares es señal clara de que no se toma en serio la salud de los ecuatorianos.
Para el Gobierno, esa expresión puede sonarle dura; pero si asume con conciencia y autocrítica la realidad que él mismo se encarga de sembrarla terminará aceptándola.
El octavo ministro acaba de ser posesionado; pero con tal antecedente se ignora qué tiempo durará en el cargo.
El MSP no puede convertirse en una especie de laboratorio para experimentos administrativos, para probar lealtades; peor para someterlo a encargos a personas que no tienen idea de cómo se debe administrarlo.
Que un ministro de Salud dure dos meses, como el que acaba de irse, es porque, o no tuvo apoyo, careció de capacidad y conocimiento de lo que es la salud pública, no contó con el presupuesto suficiente, o tantos son los problemas estructurales que afectan a un MSP en decadencia, en soletas.
El Gobierno no se atreve a explicar por qué se le hace difícil encontrar ministros, no solo el de Salud, que le permitan sostener sus políticas públicas, si las tiene; en suma, a levantar su gestión administrativa integral, cada vez alicaída, tal como lo reflejan las encuestas.
Una de las tantas señales de lo “enfermo terminal” que anda el MSP es la compra de medicamentos y demás insumos.
La anunciada en mayo pasado, cuando se dijo que tal adquisición se hará de manera directa en la India y que se la tendría en un mes en el Ecuador, es, hasta el momento, un fracaso total.
Si no lo es, igual la ciudadanía tiene derecho a que ser informada. Pero no, fiel a su política del silencio, de dejar pasar, el ofrecimiento está en el aire.
Corresponde al flamante ministro transparentar aquel espinoso asunto; igual sus planes para levantar al MSP de la postración en la que se halla.









