Perros, testigos

En un mundo donde la frivolidad se convierte en dios terrenal y la fama en sustantivo prostituido, cualquier invento, ocurrencia, “conquista progre”, se impone, llegando incluso a categoría de ley.

A costa de ser considerado anticuado o de incrédulo perruno, raya en lo insólito y risible que una entidad pública cuyo nombre no cabe en cuatro patas, promueva que los perros sean testigos simbólicos de los matrimonios civiles.

Tras la pandemia del Covid-19, la “vuelta a la normalidad”, que tanto la pedían hasta con oraciones y cánticos melodramáticos, se produjo con otros vientos huracanados.

 Que se recuerde, nunca antes el afecto por los perros, estos animales obedientes y condescendientes por ser sumisos, ha mutado en amor sicodélico, con el riesgo de que muy pronto sean llevados al altar de la idolatría.

Si cuando muere un perro, menos el callejero, su dueño recibe el sentido pésame; o si está enfermo una clínica perruna espera por él, por qué no como testigo simbólico de un matrimonio civil, habrán pensado burócratas de dos patas y con ganas de ladrar y de aullar, si bien los “peluditos” actuales, producto de cruces genéticos inverosímiles, ya no aúllan.

No faltan, entonces, los novios que llevan a sus mascotas elegantemente vestidas para que, con tan solo poner sus “huellas digitales” en el acta, atestigüen su matrimonio civil. No importa que esta unión se diluya tan pronto termine la luna de miel; o a la siguiente semana, él o ella descubra al verdadero amor de su vida.

Resta que a algún iluminado se le ocurra determinar que los nuevos esposos también imiten la intimidad perruna, con lo cual, romántica y placenteramente, terminen “arrastrados” el uno del otro y rodeados de otros perros atraídos por las feromonas. 

Perros, testigos; curas echándoles agua bendita; perrihijos, perrinietos; perripadres, perrimadres, perriabuelos. Alguien preguntó si también los aceptan para que sirvan de garantes de un préstamo bancario.

¿Época de la “transperrización” de la sociedad? ¿De la humanización de los perros? ¿De la deshumanización de los humanos?

Humanos que dan su vida por los perros, pero son partidarios del aborto; dan gusto a sus paladares comiendo cuy, saboreando fritada, degustando lomo fino de res o de pechuga de pollo con champiñones.

Dicen que a los perros solo les falta hablar. Si lo hicieran, vaya que preguntaran a sus amos por qué sacrifican a otros animales para comérselos.

Ya viera a los perros exigiéndoles coherencia; igual, pidiéndoles explicaciones sobre qué diablos hacen siendo testigos en matrimonios; o por qué a otros de su misma especie se les abandona y son parte de los quintiles de la pobreza.

De todas maneras, qué suerte la de los perros, no la de todos por supuesto. ¡Guau! (O)

Lcdo. Jorge Durán

Lcdo. Jorge Durán

Periodista, especializado en Investigación exeditor general de Diario El Mercurio