La participación de las mujeres en las elecciones seccionales no puede seguir analizándose solo desde el número de candidaturas. El verdadero desafío es garantizar que esa presencia se traduzca en posibilidades reales de competir, decidir y ejercer poder. En los gobiernos locales se toman decisiones que afectan la vida cotidiana: seguridad, movilidad, servicios públicos, desarrollo económico, planificación territorial y políticas sociales. Limitar la voz de las mujeres empobrece la democracia.
Las normas de paridad han permitido avances, pero persisten barreras estructurales: menor acceso a financiamiento, violencia política, ataques en redes sociales, desigual distribución de las tareas de cuidado y estructuras partidarias que aún reservan espacios de mayor poder para los hombres.
Las elecciones seccionales deben permitir pasar de la representación simbólica a una participación efectiva. No basta con incluir mujeres en las listas; es indispensable fortalecer liderazgos, garantizar campañas en igualdad de condiciones y sancionar la violencia política de género.
Una democracia local sólida necesita mujeres candidatas, electas y ejerciendo el poder con autonomía. La paridad no es una concesión: es una condición para que la democracia represente realmente a toda la sociedad. (O)
X: @monicabanegasc









