Violencia, no nos quites lo hermoso de la humanidad

Considerable y preocupante es el tiempo transcurrido en el que Ecuador se convirtió en un país de terror, al estilo de las narconovelas. El Gobierno Nacional ha perdido su control; cabezas y cuerpos desquebrajados aparecen en ciudades donde antes inundaba la paz. ¡Qué miedo! Y no es ciencia ficción, peor exageración.

Me remito a las pruebas: la Perla del Pacífico perdió su brillo, cuándo antes a las 19h30 sin flujo de tráfico.  Poca actividad comercial y, aunque no haya para el acompañado del almuerzo, la vida pesa más que el hambre por eso, evitan salir en las noches.

Contextualizo esta situación dado que fui una de aquellas ciudadanas que renunció al calor y la exquisitez de su gastronomía por temor a ser víctima de la violencia de las bandas, que se disputan por territorios.  A Guayaquil le ignoré más de 2 años porque las noticias sensacionalistas opacan al marketing turístico.

El pasado agosto, el ocio familiar fue en una de las playas ecuatorianas. Lo hicimos… viajamos; logramos vencer el miedo. Entonces, aquí llega lo medular de este artículo felicitar a los rostros quemados por el calor del sol, entre ellos: vendedores, comerciantes, gente de a pie. Gracias por su generosidad y por demostrar que su carisma puede marcar la diferencia.

Miradas limpias y acciones desinteresadas nos devolvieron la alegría de entender que no todo este perdido. A don Pedro, el vendedor de los bolones aplanados, crocantitos y llenos de queso, en su local Conchita, ubicado frente a la playa Villamil gracias por su receta tan rica y especial. Sé que es su trabajo, pero se agradece cuando el servicio es cordial y con extensión de horario. A esto se suma la buena voluntad de comprar corvina y langostino para que una cuencana lleve fresquito el producto.

Su generosidad es plausible. En su comportamiento se evidencia  acciones que dan esperanza de que la violencia no nos robará lo más valioso, nuestra humanidad. Desinteresadamente ofreció su conocimiento, tiempo y recursos dejando en alto la honorabilidad de un costeño.

Quizá en estos pequeños actos que nadie registra y que no aparecen en las noticias, este una de las formas más silenciosas y poderosas de resistir a la violencia y eso hay que comunicar de lo contrario estamos normalizando el miedo y dejando que éste nos domine. (O)

Lcda. Karina López

Lcda. Karina López

Comunicadora Social y escritora. Autora de una novela corta y colaboradora en libros colectivos. Combina la creación literaria con el periodismo. Fue periodista en Grullamerluc.