En junio pasado se cumplió el centenario del nacimiento de Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926-Quito, 2009), poeta sobresaliente, ensayista, periodista, novelista, cultor de la palabra escrita. Entre su vasta producción resalta el libro Ecuador: señas particulares, publicado por Eskeletra Editorial en 1997, y reeditado en varias ocasiones.
En este ensayo extenso se destacan apreciaciones serias y severas sobre la realidad nacional: historia, ciudadanía, civismo, cultura, idioma, nacionalismo, símbolos patrios, política, deporte. Sobre todo, hay una reflexión profusa respecto de la huella identitaria. Adoum advierte: “La identidad es la raíz más honda o vigorosa que los pueblos y el individuo han echado en la historia: los elementos que la conforman -etnia, lengua, religión, ética, conciencia de nación…- pueden permanecer mucho tiempo enterrados bajo una dominación cultural e incluso bajo los vestigios de otra identidad, y reaparecer un día, de forma espontánea y orgullosa”.
Nuestra historia oficial contiene -de alguna manera- una combinación de mitos y fábulas, de seudo patriotismo y exaltación desbordada, reformas antes que revoluciones verdaderas, politiquería, retórica estéril, tragedia y lamentaciones, pasiones bajas y luchas intestinas por el poder. Hemos construido narrativas de héroes con tono desmesurado como el caso de Abdón Calderón, joven militar sobredimensionado con el paso de los años. Se habla sobre las transformaciones populares, cuando en la práctica se registra a la revolución liberal como la única indiscutible desarrollada al calor del machete costeño en 1895. Por eso, el autor de Entre Marx y una mujer desnuda reitera la necesidad de apostar por un patriotismo auténtico, sin poses, en donde haya compromiso colectivo e incluso una posición insurrecta en momentos en que se intente instalarse la mediocridad, la corrupción y el autoritarismo en la estructura gubernamental.
En Ecuador: señas particulares se compendia la fisonomía de nuestro país, a través de una revisión completa sobre la actitud ciudadana, la cual redunda en la edificación de nuestra identidad. Jorge Enrique Adoum, intelectual ecuatoriano en su más alta estatura, nos enseñó a mirarnos frente al espejo, para aceptarnos desde el yo junto con las otredades, siempre proyectando una dimensión humana y universal. (O)





