Diá-logo, etimológicamente aparece compuesto de Diá: “a través de”, “por medio de”; y Logos, “palabra”, “razón”, “pensamiento”. Es decir, el diálogo es eso que ocurre con el uso de la palabra, que ocurre en comunidad, entre dos o más personas, mediante la conversación, donde intercambiamos nuestra posición o perspectiva de las cosas, donde aprendemos, donde nos informamos, donde exponemos nuestras perspectivas y sentires. Es notable que por conversación originalmente se haya entendido la acción de vivir, habitar, o asociarse con los demás. En latín, la conversación es la acción de moverse juntos. El pedagogo Silvio Gallo nos dice que las posibilidades del diá-logo se ciernen sobre la diferencia; no se trata de hablar lo mismo para llegar a lo mismo, sino, por el contrario, confrontar-se con lo disímil para hallar nuevas maneras de preguntar. A través del diálogo se pueden abrir las puertas de lo imperceptible, cuando otro nos permite ver lo que estamos omitiendo, o podemos cambiar nuestro punto de vista, ubicándonos en un lugar que, sin el diálogo con otro, no habríamos podido acceder, sin mencionar la movilización de imágenes, el disfrute del ingenio, o la contemplación de un argumento correctamente expuesto. La buena conversación no solo debería ser entendida como la llave de la resolución política -que ya es decir mucho-, sino como aquello que nos permite acceder a la verdadera humanidad, pues evidentemente se trata de una de las delicias que el ser humano puede experimentar, y que por extraño que parezca, vamos menospreciando, parece, que de manera directamente proporcional, al desarrollo de las tecnologías de la comunicación. (O)




