Las seccionales a efectuarse el 29 de noviembre próximo podrían ser las más extrañas de todas las elecciones desarrollas en estos últimos años.
Comenzado por adelantarlas un poco más de tres meses respecto de la fecha prevista en el calendario electoral, ahora se sabe con certeza de que la lista definitiva de los candidatos a alcaldes, concejales, prefectos y representantes parroquiales, quedará en firme el 9 de noviembre.
Hasta tanto, sigue la fase de calificación de las candidaturas a cargo del CNE. Si no lo son, los sujetos políticos pueden optar por otras, o si tampoco pasan la impugnación ante el Contencioso Electoral.
Las objeciones también pueden hacerlas los sujetos políticos. Es un “perder tiempo y, a la vez, ganar tiempo” dentro de la vorágine electoral.
Los candidatos tendrán quince días para “mostrarse” ante el electorado. Una campaña tan corta impedirá un voto razonado, si bien predomina la subjetividad.
Tendrán ventaja quienes optan por la reelección, y los que por una u otra razón son conocidos por la ciudadanía. Pero, ¿y los que se lanzan sin que nadie sepa nada de ellos, pero sueñan con ser “outsiders” o quieren reemplazar “a los mismos de siempre?
Al tratarse de elecciones, como se dice, cercanas a los electores y, por lo tanto, les debería incumbir más, ese conocer a los candidatos no resultaría tan decisivo.
Otro dato que abona a la extrañez, es que en esas dos semanas deben, de manera obligada, desarrollarse los debates entre candidatos, sin bien en solo 24 de los 220 cantones. Los últimos podrían efectuarse a pocas horas de las elecciones.
Pero qué tipo de debate puede resultar, tanto por el tiempo, cuanto porque su reglamento resulta hasta insulso.
La preocupación también tiene que ver sobre si las candidaturas de la oposición, y que son fuertes, serán calificadas, ahora que mucho se habla de la “judicialización de las elecciones”.







